REFERENCIA APICE

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miércoles, 4 de febrero de 2026

Del silicio a la vela con el socialismo español....La promesa.

 


Del silicio a la vela: el experimento energético español a la luz de la electricidad que exige la inteligencia artificial

Cuando la física no vota

Existe una peculiaridad fascinante en la política energética contemporánea española: la convicción tácita de que la termodinámica es una construcción ideológica y que, con suficiente entusiasmo normativo, el viento soplará cuando lo ordene el BOE y el sol brillará de noche si así lo requiere el mix eléctrico.

Bajo esta premisa se han ido demonizando los embalses, extirpando la nuclear y convirtiendo la generación despachable en una reliquia fósil, todo ello mientras se proclama solemnemente la llegada de la electrificación total y la economía digital.

Recientemente se ha analizado un documento ~centrado en Rusia, país poco sospechoso de lirismo ecologista~ ofrece un contraste brutalmente pedagógico: allí donde la demanda eléctrica crece de forma rígida, concentrada y no negociable, la política energética se ve obligada a obedecer a la ingeniería y no al relato.

I. La electricidad como bien físico (no como metáfora moral)

El texto subraya un hecho elemental: los centros de datos para IA consumen entre 50 y 150 kW por rack, con previsiones de llegar a 300 kW, frente a los 7-15 kW de un centro convencional .

Esta no es una demanda “flexible”, “gestionable” ni “desplazable al fin de semana”. Es potencia firme, continua y cercana al consumo.

Aquí emerge la primera ironía española: se impulsa la digitalización, la IA, el vehículo eléctrico y la bomba de calor mientras se destruye sistemáticamente la base de generación firme. Rusia, en cambio, reconoce sin rubor que sin 7 GW adicionales de generación despachable antes de 2030, el sistema simplemente colapsa .

España, más audaz, ha decidido experimentar con algo conceptualmente más avanzado:

“un sistema eléctrico posmaterial, donde la oferta se adapta mediante esperanza”.

El apagón como mecanismo pedagógico

El documento ruso identifica claramente los cuellos de botella:

·      déficit regional de capacidad,

·      dificultad de conexión a red,

·      necesidad de redes de alta tensión,

·      y plazos de planificación de hasta diez años .

En España, en cambio, hemos optado por una solución más económica: no planificar, cerrar centrales que funcionan y confiar en que la intermitencia será compensada por comunicados institucionales.

El resultado es un fenómeno novedoso: el apagón didáctico, útil para recordar a la población que la electricidad no se almacena en discursos y que la frecuencia de red no entiende de eslóganes.

Nuclear, pantanos y el arte de destruir capital productivo

Mientras Rusia discute cómo facilitar el acceso directo de los centros de datos a la red troncal de alta tensión para garantizar suministro competitivo , España se distingue por:

·      cerrar nucleares amortizadas y estables,

·      infrautilizar embalses por razones simbólicas,

·      penalizar la hidráulica de regulación,

·      y convertir la generación firme en pecado climático.

Desde un punto de vista económico, esto equivale a destruir capital productivo ya pagado para sustituirlo por activos intermitentes que requieren respaldo fósil… que también se quiere cerrar.
Una estrategia tan elegante como quemar el puente antes de cruzar el río, confiando en que el río se solidarice.

La paradoja de la IA verde sin electricidad firme

El texto ruso es explícito: sin electricidad barata, estable y cercana, la IA no es competitiva y los precios se trasladan íntegramente al cliente .

Por eso allí el debate no es “verde vs. no verde”, sino suficiente vs. insuficiente.

España, por el contrario, aspira a liderar la economía digital europea con un sistema eléctrico diseñado para molinos medievales con Wi-Fi. La idea implícita parece ser que los centros de datos funcionarán:

·      cuando haya sol,

·      si hay viento,

·      y siempre que no sea invierno, verano, de noche o anticiclón.

Conclusión: del realismo energético al romanticismo eléctrico

El documento analizado muestra un enfoque incómodo pero adulto:

la electricidad es infraestructura estratégica, no un instrumento narrativo .

España, en cambio, ha elevado el romanticismo energético a política de Estado: se legisla como si la potencia firme fuera opcional y la seguridad de suministro un concepto del siglo XX.

Desde la sabiduría de las tecnologías energéticas, el diagnóstico es claro.
Desde la sabiduría de la economía, el veredicto es devastador.
Y desde la ironía de la experiencia, solo cabe concluir:

Nunca fue tan sofisticado apagar un país para demostrar que se estaba iluminado.


Digitalizar sin soberanía por Indra Group...Los goteros de miel

 


Digitalizar sin soberanía: poder tecnológico y tutela institucional en América Latina

Cuando la innovación se convierte en discurso por Indra Group

En las últimas dos décadas, la publicidad corporativa de las grandes tecnológicas europeas con fuerte dependencia del sector público ha mutado desde la exaltación de la eficiencia técnica hacia un relato moral del progreso. La tecnología ya no se vende como herramienta, sino como destino histórico inevitable. En este marco se inscribe el reciente acuerdo entre Indra Group y el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), presentado como una alianza estratégica para la modernización del Estado latinoamericano, tal como lo presenta Gabriel Morales en un artículo en Invertia del periódico El Español.

Sin embargo, un análisis crítico del recorrido publicitario, político y corporativo de Indra ~especialmente bajo su actual configuración accionarial y directiva~ revela una disonancia estructural entre el discurso de innovación, la praxis empresarial y el contexto geopolítico regional.

El recorrido publicitario de Indra: del ingeniero al salvador institucional

Históricamente, Indra construyó su marca sobre tres pilares:

·      Capacidad tecnológica nacional,

·      Proximidad al Estado,

·      Neutralidad técnica.

No obstante, desde su progresiva captura por intereses político-partidarios en España, particularmente bajo gobiernos socialistas, la comunicación corporativa ha abandonado la ingeniería para abrazar la retórica del “bien público digital”. El acuerdo con CAF es paradigmático: no se publicita un contrato, sino una misión civilizatoria, donde Indra aparece como garante del futuro institucional de más de veinte países.

Este desplazamiento no es inocente. En geotecnologías sociales, este fenómeno se conoce como “tecnosolucionismo legitimador”: la tecnología se presenta como neutral mientras reconfigura relaciones de poder, dependencias técnicas y flujos de soberanía.

CAF + Indra: ¿cooperación para el desarrollo o externalización del Estado?

El artículo describe una alianza centrada en:

·      Gobierno digital

·      Ciberseguridad

·      Infraestructuras críticas

·      Gestión del tráfico aéreo

·      Inteligencia artificial

Desde una perspectiva técnica, estas áreas constituyen el núcleo duro de la soberanía estatal. Externalizarlas ~aunque sea bajo marcos de cooperación multilateral~ implica transferir:

·      Modelos de datos

·      Arquitecturas de decisión

·      Dependencia tecnológica

·      Estándares normativos

El problema no es la cooperación en sí, sino quién coopera y desde qué posición ética e institucional. Indra no es una startup innovadora ni una universidad pública: es una empresa con fuerte historial de contratos opacos, puertas giratorias y dependencia del BOE español. En este sentido, el acuerdo con CAF parece menos una apuesta por el desarrollo endógeno y más una exportación del modelo europeo de captura público-privada, ahora proyectado sobre América Latina.

La paradoja Telefónica: retirada estratégica y desmantelamiento del ecosistema

La falta de oportunidad del acuerdo se hace evidente al analizar el contexto paralelo:
Telefónica, el histórico vector español de telecomunicaciones en América Latina, ha abandonado progresivamente la región, vendiendo activos estratégicos que podrían haber servido como:

·      Soporte de infraestructura

·      Anclaje industrial

·      Ecosistema de innovación local

La paradoja es profunda:

·      El anterior presidente de Indra pasa a liderar Telefónica

·      Telefónica se retira

·      Indra se expande en áreas aún más sensibles

Desde economía política, esto sugiere una reconfiguración del poder tecnológico español, donde ya no se busca competir en mercados abiertos, sino gestionar Estados desde capas invisibles de software, datos y seguridad.

Gobierno corporativo y legitimidad: el elefante en la sala

El discurso del artículo omite deliberadamente los problemas de gobernanza interna de Indra, entre ellos:

·      La politización del consejo

·      La percepción pública de corrupción estructural

·      Y especialmente, el hecho de que el actual presidente ejecutivo haya recomprado su propia empresa desde Indra con una sobrevaloración denunciada de altísimo %

Aunque este punto deba dirimirse en sedes judiciales y no académicas, la percepción es clave. En cooperación internacional, la legitimidad es tan importante como la capacidad técnica. Exportar “gobierno digital” desde una empresa cuya gobernanza es cuestionada erosiona la credibilidad del propio proyecto de modernización.

Geotecnologías sociales: el riesgo latinoamericano

Desde reconocidas y prestigiosas universidades se ha estudiado ampliamente cómo las tecnologías de gobierno digital pueden derivar en:

·      Tecnocracias opacas

·      Vigilancia estructural

·      Dependencia algorítmica

·      Reducción de la deliberación democrática

Cuando estas tecnologías son diseñadas, financiadas y operadas por un mismo eje banco multilateral–corporación extranjera, el riesgo no es técnico, sino político: América Latina puede modernizarse sin desarrollar soberanía digital real.

Conclusión: innovación sin ética es colonialismo digital

El acuerdo Indra–CAF, tal como se presenta, es retóricamente impecable y estratégicamente preocupante. Llega tarde, llega mal y llega sin autocrítica. Mientras Telefónica abandona el terreno productivo, Indra ocupa el terreno institucional. Mientras se habla de bienestar, se silencian conflictos de interés. Mientras se promete futuro, se repite un pasado de dependencia.

La transformación digital no fracasa por falta de tecnología, sino por exceso de poder concentrado sin control democrático. Y en ese sentido, este acuerdo no representa una oportunidad histórica para América Latina, sino una advertencia.