Vox, la “partitocracia” y el arte de escribir columnas
con prejuicios.
Hay artículos que pretenden analizar un fenómeno
político y artículos que, en realidad, analizan los miedos, obsesiones y sesgos
de quien los escribe. El texto titulado “Vox o el triunfo de la
partitocracia” pertenece claramente a la segunda categoría. Su autor aspira
a ofrecer un diagnóstico político; sin embargo, desde una perspectiva de
psicología social y sociología política, lo que termina revelando es un
catálogo casi pedagógico de mecanismos de racionalización, desplazamiento de
culpa y disonancia cognitiva.
En otras palabras: más que una crítica rigurosa a Vox,
el artículo parece el ejercicio terapéutico de un comentarista que intenta
explicar -sin admitirlo- por qué un partido surgido fuera del ecosistema
tradicional del centroderecha español ha logrado atraer a una parte significativa
de su electorado.
1. El recurso psicológico del “enemigo que decepciona”
El texto comienza con un fenómeno muy conocido en
psicología política: la reacción del aliado traidor. Cuando un
movimiento surge dentro de un mismo espacio ideológico, la crítica hacia él
suele ser mucho más virulenta que hacia el adversario ideológico real.
Esto ocurre porque el rival cercano amenaza la
identidad del grupo. Para un sector del conservadurismo clásico, Vox representa
precisamente eso: un actor que disputa el monopolio simbólico de la derecha
española.
Por ello el
artículo se construye sobre una paradoja curiosa:
primero reconoce que Vox tenía razón al denunciar la partitocracia…
y acto seguido afirma que su crecimiento demuestra que se ha convertido en
aquello que criticaba.
Este tipo de
razonamiento circular es sociológicamente interesante. No importa lo que haga
el sujeto analizado:
- si no crece, confirma su
irrelevancia;
- si crece, confirma su
corrupción.
En términos lógicos, es un argumento irrefutable
porque no admite falsación. Y cuando un argumento no admite falsación,
suele significar que estamos ante una creencia, no ante un análisis.
2. La narrativa del “líder convertido en tirano”
Otra constante del artículo es la descripción de un
supuesto proceso de degeneración personal del liderazgo. El autor intenta
presentar al partido como una especie de secta personalista alrededor de
Abascal.
Esta estrategia retórica es antiquísima en sociología
política:
Cuando no se logra explicar el apoyo social de un
movimiento, se atribuye a una figura carismática casi hipnótica.
El problema
es que el propio texto desmonta involuntariamente su tesis.
Si Vox fuera
únicamente un culto personalista, sería difícil explicar:
- su crecimiento sostenido en
múltiples territorios
- su capacidad para atraer
votantes jóvenes
- su consolidación electoral
durante varios ciclos políticos
Los
fenómenos puramente personalistas suelen ser efímeros, no persistentes.
La sociología electoral lleva décadas demostrándolo.
Así que el artículo intenta explicar un fenómeno
estructural recurriendo a una explicación psicológica simplista: “todo es
Abascal”.
Es un
argumento cómodo, pero intelectualmente perezoso.
3. El curioso síndrome del votante inexplicable
Uno de los pasajes más reveladores del artículo afirma
que resulta “difícil saber qué ven los jóvenes votantes en Vox”.
Desde un punto de vista académico, esta frase es
extraordinaria.
No porque la pregunta sea absurda, sino porque revela
una negativa a aceptar explicaciones empíricas que ya existen.
Las
investigaciones sobre voto joven en Europa señalan varios factores recurrentes:
- rechazo a los partidos
tradicionales
- percepción de bloqueo
institucional
- crisis de representación
política
- reacción frente a agendas
culturales percibidas como impuestas
Pero el
artículo prefiere evitar estas variables estructurales. En lugar de ello, se
limita a insinuar que el fenómeno es casi misterioso.
En
sociología, cuando un analista dice “no se entiende por qué ocurre esto”,
muchas veces significa simplemente:
“no me gusta la explicación que existe”.
4. La ironía involuntaria del argumento central
El título
acusa a Vox de ser el triunfo de la partitocracia.
Sin embargo,
el razonamiento del texto sugiere algo distinto: que el partido crece
precisamente cuando rompe con los pactos tradicionales y adopta una estrategia
más independiente.
Es decir:
- cuando coopera con el sistema →
es irrelevante
- cuando compite con él → es
partitocracia
El lector
atento detectará aquí una pequeña incoherencia lógica.
Si un
partido rompe los equilibrios del sistema bipartidista y gana votos, eso no
suele llamarse “triunfo de la partitocracia”.
En ciencia
política se llama competencia electoral.
Pero claro,
reconocer esto implicaría aceptar que el problema no es el comportamiento del
partido, sino el hecho de que exista.
5. El tono moralizante como sustituto del argumento
A medida que
avanza el artículo, el lenguaje se vuelve cada vez más religioso:
- “logia masónica”
- “sumo sacerdote”
- “monaguillos”
- “iglesia del Santi Supremo”
Este tipo de
metáforas es muy revelador desde el punto de vista psicológico. Cuando un
discurso abandona el análisis institucional y recurre a imágenes casi
litúrgicas, suele significar que ha entrado en el terreno del desprestigio
simbólico.
Es un
recurso eficaz en la retórica política, pero débil en el análisis académico.
Básicamente
equivale a decir:
“No voy a
explicar el fenómeno, voy a ridiculizarlo.”
Y
ridiculizar algo es mucho más fácil que comprenderlo.
6. El verdadero subtexto del artículo
Si uno
elimina las metáforas, las insinuaciones y las descalificaciones, lo que queda
del artículo es en realidad bastante simple:
- Vox compite con el PP por el
mismo electorado
- esa competencia puede debilitar
la hegemonía del centroderecha tradicional
- el autor considera que eso es
un problema
Eso es todo.
El resto del
texto —las acusaciones de sectarismo, las analogías religiosas, las
insinuaciones conspirativas— funciona como decorado emocional para
justificar esa preocupación.
Desde la
sociología política, este fenómeno tiene nombre:
conflicto intra-élite dentro de un mismo espacio ideológico.
Y es
perfectamente normal en democracias plurales.
7. Conclusión: el espejo involuntario
El artículo
pretendía demostrar que Vox es una anomalía política producto del oportunismo
partidista.
Pero leído
con distancia analítica, termina mostrando algo distinto: el desconcierto de
ciertos sectores del establishment político ante un electorado que ya no se
comporta como antes.
Y ahí reside
su valor sociológico.
Porque a
veces los textos más reveladores no son los que analizan un fenómeno político…
sino los que muestran cómo reaccionan quienes no logran explicarlo.
El autor
quería retratar a Vox.
Pero, con una ironía que probablemente no esperaba, el
retrato más nítido que emerge del artículo es el de una vieja cultura política
incapaz de aceptar que el mapa electoral ha cambiado. Y cuando eso ocurre, la
crítica suele adoptar una forma muy humana:
primero incredulidad, luego sarcasmo, y finalmente una cierta irritación
elegante disfrazada de análisis.
Un proceso
psicológico perfectamente comprensible.
Aunque no
necesariamente convincente.
