RELATO DE UNA HAGIOGRAFÍA
...segun el New York Times:
“Pedro Sánchez encabeza la oposición política a Donald
Trump. Y está ganando”
- Un análisis ciudadano con las licencias que el texto
merece -
I.
Prolegómenos: sobre el género literario en cuestión
Existe en la tradición periodística occidental un subgénero de difícil catalogación, situado a medio camino entre el encargo propagandístico y el ejercicio de buena voluntad ideológica: la pieza de advocacy journalism disfrazada de análisis político. El artículo que nos ocupa pertenece a esa categoría con una naturalidad que resultaría entrañable si no fuera, al mismo tiempo, tan reveladora. Publicado presumiblemente en algún medio anglosajón de orientación progresista, los indicios textuales así lo sugieren, el texto en cuestión consagra a (una perona que plagio su tesis y manipulo robando las elecciones internas de su propio partido) Pedro Sánchez Pérez-Castejón como nada menos que el faro moral de la izquierda mundial. El lector español, que convive con la realidad cotidiana del “sanchismo”, no puede sino experimentar una mezcla de asombro intelectual y modesta perplejidad geográfica.
Procederemos, pues, al análisis riguroso de sus
principales tesis, aplicando las herramientas del pensamiento crítico y
permitiéndonos, de vez en cuando, la pequeña concesión de la sonrisa académica.
II. La
falacia del líder más longevo: sobre la resiliencia como virtud cardinal
El artículo nos presenta a Sánchez como “el líder de
centroizquierda con más tiempo en el poder en Occidente”, enunciado que, en la
lógica del autor, equivale a una certificación de excelencia. Cabría aquí
formular una pregunta metodológica elemental: ¿la longevidad en el cargo
constituye, en sí misma, un indicador de mérito político o de calidad
democrática?
La historia ofrece numerosos contraejemplos que
desaconsejan tal automatismo. Más pertinente resulta, sin embargo, examinar cómo
se ha sostenido dicha permanencia. El propio artículo, en un ejercicio de
honradez involuntaria, reconoce que Sánchez alcanzó su última investidura
mediante “un controvertido acuerdo con los separatistas catalanes” con antecedentes
antes de haberse realizado con anterior al delito, concediendo una amnistía, de
constitucionalidad impugnada, a quienes participaron en un referéndum ilegal.
El texto califica esta maniobra de “toma de riesgos” al servicio de “una agenda
idealista”. La literatura académica disponible en España prefiere
denominaciones algo menos líricas.
El dato que el articulista omite con la elegancia de
un mago de salón es que las encuestas de intención de voto en España , aquellas
que el autor no ha tenido ocasión de consultar, o ha preferido no consultar,
sitúan al Partido Socialista en posiciones que difícilmente evocan el triunfo.
El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), organismo cuya
objetividad es en sí misma objeto de debate académico dado que su director es
nombrado directamente por el Ejecutivo, registra sistemáticamente datos más
favorables al Gobierno que cualquier otro sondeo publicado por empresas
demoscópicas independientes. Esta pequeña circunstancia merece, al menos, una
nota a pie de página que el artículo no se ha tomado la molestia de incluir.
III. La
cuestión Maduro o la geopolítica invertebrada
El artículo presenta como muestra de «audacia» y
principismo la condena de Sánchez a la detención de Nicolás Maduro. Conviene
aquí ofrecer al lector, especialmente al no ibérico, el contexto que el texto
omite con generosidad llamativa.
El Gobierno español ha mantenido durante años una
relación con el régimen venezolano que los eufemismos diplomáticos más
generosos calificarían de «constructivamente ambigua». España ha rechazado
sistemáticamente reconocer a la oposición democrática venezolana como legítima
en los momentos en que tal reconocimiento habría tenido consecuencias políticas
reales. La condena tardía a Maduro, convenientemente cronometrada en plena confrontación
con Washington, es presentada en el artículo como evidencia de coraje moral. En
el ámbito académico preferimos reservar esa calificación para las actuaciones
que implican algún coste político para quien las adopta. La de Sánchez, en el
momento y contexto en que se produjo, cumplía la doble función de distanciarse
cosméticamente de un aliado indefendible y de irritar a la administración
Trump, objetivo en sí mismo presentado como virtud.
El artículo guarda un silencio elocuente sobre las
relaciones entre el actual Gobierno español y determinados grupos que los
sistemas judiciales europeos han catalogado con categorías jurídicas bastante
más precisas que “movimientos de liberación nacional”. Este silencio no
empobrece el análisis: lo define.
IV. El
«milagro ibérico» o la estadística como disciplina creativa
La pieza cita con fruición el veredicto de The
Economist que en 2024 proclamó España «la economía rica con mejores
resultados del mundo». La referencia a esta publicación, conocida por su rigor
metodológico, cierto, merece sin embargo algunos matices que el articulista
sacrifica en el altar de la narrativa.
España presenta la tasa de desempleo más elevada de la
Unión Europea de manera prácticamente estructural. El desempleo juvenil supera
el 25%, una cifra que en cualquier otro contexto ideológico sería presentada no
como síntoma de “milagro” sino como fracaso generacional de primera magnitud.
El crecimiento del PIB, real e innegable, descansa en una composición sectorial
que los economistas menos entusiastas describen con términos como “sobrecalentamiento
turístico” y “vulnerabilidad estructural”. El “milagro” tiene la particularidad
de producirse simultáneamente con una crisis de acceso a la vivienda sin
precedentes en la historia democrática española, donde los jóvenes con empleo
no pueden permitirse alquilar en las principales ciudades. Es un tipo de
milagro infrecuente en la hagiografía económica convencional.
El aumento del salario mínimo en un 61%, dato que el
artículo presenta con legítimo orgullo, ha sido celebrado por unos y
cuestionado por otros en función de sus efectos sobre el empleo en determinados
sectores y territorios. La ciencia económica, en su habitual modestia, no ha
alcanzado consenso al respecto. El articulista, más decidido que los
economistas, ha resuelto la controversia a favor de su tesis sin mayores
trámites.
V. La
amnistía y el Estado de Derecho: una relación compleja
El texto nos informa de que la ley de amnistía a los
independentistas catalanes “desencadenó enormes protestas públicas” pero que,
en última instancia, “la apuesta valió la pena” porque Sánchez se mantuvo en el
poder y el apoyo a la independencia disminuyó.
Detengámonos un momento en la arquitectura lógica de
este argumento. El criterio de validación de una medida política, incluida una
que el Tribunal Supremo de España y múltiples instancias judiciales europeas
han cuestionado en términos de compatibilidad con el Estado de Derecho, sería
su utilidad para la supervivencia política de quien la promueve. Esta es, en
rigor, la definición académica de lo que los detractores de Sánchez llaman “sanchismo”,
el mismo término que el artículo rechaza como «peyorativo» sin ofrecer una
refutación conceptual de la acusación.
Las “enormes protestas públicas” a que se refiere el
artículo con notable laconismo movilizaron a centenares de miles de ciudadanos
en toda España durante semanas. En el análisis político serio, movilizaciones
de esa escala suelen recibir atención más detallada que un párrafo subordinado.
La decisión editorial de mencionarlas brevemente para acto seguido
relativizarlas habla, una vez más, del género en que nos encontramos.
VI. La
oposición a Trump como política exterior o como marketing electoral
El argumento central del artículo, que Sánchez ha
construido una “filosofía de gobierno alternativa al trumpismo”, merece el
examen más detenido, por ser también el más ambicioso.
España ha negado a Estados Unidos el uso de bases
militares para la “guerra en Irán”. El artículo lo presenta como prueba de
principismo antibelicista. Cabría señalar que España, como miembro de la OTAN,
obtiene de la alianza atlántica garantías de seguridad colectiva que no serían
posibles sin la infraestructura militar norteamericana. La cuestión de si
resulta sostenible a largo plazo extraer los beneficios de una alianza mientras
se obstaculizan sus operaciones cuando resulta políticamente conveniente es,
como mínimo, un debate que merece más de una oración.
La calificación de la guerra en Gaza como “genocidio” término
con una definición jurídica precisa en el derecho internacional que los
tribunales competentes aún están ponderando, es presentada como audacia moral.
Que esta posición sea, al mismo tiempo, la que maximiza el rendimiento
electoral con los partidos de extrema izquierda que sostienen al Gobierno en el
Parlamento podría ser una coincidencia. La Ciencia Política, con su pertinaz
propensión al escepticismo, raramente descarta las explicaciones instrumentales
cuando la coincidencia es tan perfecta.
El dato de que el 51% de los españoles considera a
Estados Unidos una “amenaza” para Europa es citado como contexto que explica el
éxito de las posiciones de Sánchez. No se nos ofrece reflexión alguna sobre en
qué medida ese estado de opinión es consecuencia de años de encuadre mediático
promovido por un gobierno que tiene a su servicio el centro de investigaciones sociológicas,
asignado a un moribundo socialista del propio partido, que propicia una
antipatía hacia Washington como uno de sus activos electorales más rentables.
La causalidad, en el artículo, solo fluye en la dirección que confirma la
tesis.
VII. Lo que
el artículo no menciona: sobre el arte de la omisión selectiva
Un ensayo crítico riguroso no puede ignorar lo que un
texto decide no decir. El artículo que analizamos guarda silencio sobre varios
aspectos de la realidad española contemporánea que cualquier análisis
académicamente honesto habría de considerar.
No se menciona la situación de la prensa española y
los procedimientos legales que han afectado a periodistas y medios críticos con
el Gobierno. No se menciona la crisis del poder judicial y el bloqueo
institucional del Consejo General del Poder Judicial durante años, resuelto
finalmente mediante un acuerdo que los observadores independientes han
catalogado con eufemismos educados. No se menciona la ley de medios
audiovisuales y sus implicaciones para la pluralidad informativa. No se
mencionan los escándalos que han afectado al entorno del Presidente, su esposa,
su hermano, con procedimientos judiciales en curso. Una nota a pie de página
habría bastado. No hay nota.
El artículo sí menciona que Sánchez ha conseguido
«esquivar los escándalos» presentando esta habilidad como muestra de destreza
política. En la tradición académica en que nos formamos, esquivar el escrutinio
público no suele catalogarse entre las virtudes republicanas.
VIII.
Conclusión: sobre la geografía del entusiasmo y sus límites
Existe una categoría analítica que podríamos denominar
«el entusiasmo de la distancia»: la tendencia de observadores foráneos a
proyectar sobre realidades lejanas los anhelos que la propia realidad doméstica
les niega. El artículo que analizamos es un ejemplo depurado de este fenómeno.
Escrito desde una tradición político-intelectual que lleva años buscando un
socialdemócrata que “funcione”, el texto ha encontrado en Sánchez la
encarnación de esa esperanza.
Que la realidad española sea algo más complejo, más
incómodo y más contradictorio que el retrato ofrecido no sorprende: simplificar
es la condición de posibilidad del género. Lo que sí merece señalarse es que la
simplificación opera exclusivamente en una dirección: todos los datos
favorables al Gobierno se mencionan; los desfavorables, se omiten o se
minimizan. Esta asimetría sistemática no es inocente. Tiene nombre en
metodología periodística: sesgo de confirmación institucionalizado.
El artículo concluye que Sánchez ha «establecido una
filosofía de gobierno alternativa al trumpismo, que además funciona». Los
ciudadanos españoles, que en su mayoría llevan años expresando en las encuestas
su deseo de un cambio de gobierno sin que el sistema electoral se lo haya
facilitado todavía, pueden leer este veredicto con la paciencia que otorga el
conocimiento de primera mano. Quizás la filosofía “funcione” mejor vista desde
lejos que desde dentro. La perspectiva, como siempre en ciencias sociales,
importa.
Que el mencionado artículo haya sido producido con la
ayuda, consciente o inconsciente, de la maquinaria de comunicación de la
Internacional Socialista es una hipótesis que el propio texto, por su
sistematicidad en la selección de fuentes y su impecable alineación con los
argumentos del Gabinete de la Moncloa, no hace sino fortalecer. Que el género
periodístico en que se inscribe tenga ilustres predecesores en la historia de
la prensa militante es un consuelo modesto pero real. Y que su autor escriba
con convicción no lo dudamos: nada es más eficaz que el propagandista que se ha
convencido a sí mismo.




