"LA
POLÍTICA DEL OCULTAMIENTO: PRESUPUESTOS PRORROGADOS, DOCTORADOS PLAGIADOS Y EL
COSTE INSTITUCIONAL DE NO SER EVALUADO"
El presupuesto público no es contabilidad. Es política.
Y la política, cuando se lee bien, revela qué pretende hacer un Estado con su
tiempo y su dinero, y qué prefiere evitar.
La comparación entre el presupuesto federal
estadounidense para 2027 y la práctica presupuestaria española de los últimos
tres años no es un ejercicio académico rutinario. Es un contraste entre dos
formas radicalmente distintas de entender -y de eludir- el poder del Estado.
El presupuesto como contrato político
En la teoría clásica de la hacienda pública, Musgrave
identificó tres funciones del presupuesto: asignativa, redistributiva y
estabilizadora. A esas tres hay que añadir una cuarta, menos citada pero más
reveladora en economías con proyección internacional: la función estratégica.
El presupuesto como vector de poder geopolítico, instrumento de política
industrial, herramienta de acumulación de influencia.
Bajo esa óptica, la pregunta relevante no es cuánto
gasta un Estado, sino para qué. Y, sobre todo, si el presupuesto transforma la
realidad o simplemente la esquiva.
Estados Unidos 2027: el presupuesto como doctrina
El presupuesto propuesto para el año fiscal 2027 rompe
tendencias. 1,5 billones de dólares en defensa, un aumento del 40-44%
interanual. La mayor expansión desde la Segunda Guerra Mundial. Al mismo
tiempo, recortes del 10% en gasto no militar y una reorientación explícita
hacia defensa, seguridad e industria estratégica.
Es el modelo "guns over butter" sin eufemismos:
la prioridad geopolítica se impone sobre el gasto social. No hay ambigüedad en
las cifras ni en su intención.
La lógica tiene dos caras. Por un lado, el gasto
militar actúa como estímulo industrial dirigido: inteligencia artificial,
industria naval, sistemas de defensa avanzados. Efectos multiplicadores reales
en sectores complejos. Es, en cierto modo, un Estado desarrollista con
uniforme. Por el otro lado, el coste es brutal: déficits anuales cercanos a los
dos billones, deuda pública por encima de los 39 billones, y proyecciones que
anticipan un deterioro sostenido de la flexibilidad fiscal.
¿Cómo funciona esto sin colapso inmediato? Tres
pilares: el dólar como moneda de reserva global, la capacidad de endeudamiento
que eso permite y la primacía geopolítica que lo justifica. Es una anomalía
histórica: financiar el poder presente con deuda futura. Sostenible hasta que
no lo sea.
Lo que importa aquí no es si la apuesta es prudente -probablemente no lo es a largo plazo- sino que es una apuesta deliberada. El
presupuesto no miente: dice exactamente qué quiere ser Estados Unidos en los
próximos veinte años.
España: la desaparición del presupuesto
España opera desde 2023 sin presupuesto nuevo. Los
Presupuestos Generales del Estado de ese año han sido prorrogados
automáticamente para 2024, 2025 y 2026. Tercer año consecutivo. El principal
instrumento de planificación del Estado moderno ha desaparecido como práctica
real de gobierno.
El vacío se cubre con lo que se puede llamar
"ingeniería presupuestaria": ampliaciones de crédito, transferencias
internas, créditos extraordinarios. En 2025 se registraron modificaciones por
más de 100.000 millones de euros. En los primeros meses de 2026, los ajustes
aumentaron un 200%. Se gasta, se reasigna y se prioriza, pero sin aprobación
parlamentaria directa ni debate formal.
La AIReF lo ha dicho sin rodeos: la situación "no
es deseable". Elimina accountability. Reduce transparencia. Hace imposible
cualquier planificación plurianual creíble.
Esto no es flexibilidad. Es arbitrariedad
institucionalizada.
Lo que se pierde no son solo cifras ordenadas. Se
pierde el mecanismo de rendición de cuentas del Estado frente al Parlamento y
frente a los ciudadanos. El presupuesto deja de ser un contrato político para
convertirse en una opción que el Ejecutivo puede posponer indefinidamente
cuando el coste político de aprobarlo es demasiado alto.
Dos modelos, una diferencia de fondo
|
Dimensión |
Estados Unidos |
España |
|
Existencia
de presupuesto |
Sí,
expansivo y estratégico |
No,
prorrogado indefinidamente |
|
Naturaleza |
Estratégica |
Reactiva |
|
Función
principal |
Poder
global |
Gestión
política interna |
|
Transparencia |
Alta |
Baja |
|
Horizonte
temporal |
Largo
plazo |
Corto
plazo |
|
Riesgo
principal |
Insostenibilidad
fiscal |
Erosión
institucional |
El riesgo americano es fiscal: demasiada deuda,
demasiados compromisos, tipos de interés que pueden desestabilizar el modelo.
Es un riesgo conocido, asumido y, hasta cierto punto, calculado.
El riesgo español es diferente y, a mi juicio, más
corrosivo: no es que el Estado gaste mal, sino que el Estado evita ser
evaluado. La ausencia de presupuesto no es una anomalía técnica. Es una
decisión política repetida que convierte la excepción constitucional en
normalidad de gobierno.
Lo que esto implica
Para quien toma decisiones económicas o de inversión,
las consecuencias son bastante directas. El entorno estadounidense tiene
prioridades legibles -defensa, tecnología, industria- aunque con una factura
futura que nadie sabe exactamente cuándo llegará. El español tiene poca
visibilidad fiscal, regulación cambiante y un riesgo institucional que va en
aumento sin que haya señal clara de corrección.
Pero hay algo más importante que los mercados. Cuando
el Estado no presenta presupuesto, el ciudadano corriente pierde la única
herramienta que tiene para entender qué va a pasar con su dinero y defender su
posición frente a ello. Un presupuesto no lo leen los economistas. Lo debería
poder leer cualquiera, porque es donde el Estado firma, de forma verificable,
sus compromisos.
Cuando ese documento no existe, el Estado no está
ahorrando un trámite. Está evitando ser juzgado. Y eso, con el tiempo, tiene un
coste que no aparece en ninguna línea contable.



