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domingo, 15 de marzo de 2026

Vox, la “partitocracia” y el arte de escribir columnas con prejuicios... Make My Body Move

 


Vox, la “partitocracia” y el arte de escribir columnas con prejuicios.

Hay artículos que pretenden analizar un fenómeno político y artículos que, en realidad, analizan los miedos, obsesiones y sesgos de quien los escribe. El texto titulado “Vox o el triunfo de la partitocracia” (Federico Jiménez Losantos) pertenece claramente a la segunda categoría. Su autor aspira a ofrecer un diagnóstico político; sin embargo, desde una perspectiva de psicología social y sociología política, lo que termina revelando es un catálogo casi pedagógico de mecanismos de racionalización, desplazamiento de culpa y disonancia cognitiva.

En otras palabras: más que una crítica rigurosa a Vox, el artículo parece el ejercicio terapéutico de un comentarista que intenta explicar -sin admitirlo- por qué un partido surgido fuera del ecosistema tradicional del centroderecha español ha logrado atraer a una parte significativa de su electorado.

1. El recurso psicológico del “enemigo que decepciona”

El texto comienza con un fenómeno muy conocido en psicología política: la reacción del aliado traidor. Cuando un movimiento surge dentro de un mismo espacio ideológico, la crítica hacia él suele ser mucho más virulenta que hacia el adversario ideológico real.

Esto ocurre porque el rival cercano amenaza la identidad del grupo. Para un sector del conservadurismo clásico, Vox representa precisamente eso: un actor que disputa el monopolio simbólico de la derecha española.

Por ello el artículo se construye sobre una paradoja curiosa:
primero reconoce que Vox tenía razón al denunciar la partitocracia…
y acto seguido afirma que su crecimiento demuestra que se ha convertido en aquello que criticaba.

Este tipo de razonamiento circular es sociológicamente interesante. No importa lo que haga el sujeto analizado:

  • si no crece, confirma su irrelevancia;
  • si crece, confirma su corrupción.

En términos lógicos, es un argumento irrefutable porque no admite falsación. Y cuando un argumento no admite falsación, suele significar que estamos ante una creencia, no ante un análisis.

2. La narrativa del “líder convertido en tirano”

Otra constante del artículo es la descripción de un supuesto proceso de degeneración personal del liderazgo. El autor intenta presentar al partido como una especie de secta personalista alrededor de Abascal.

Esta estrategia retórica es antiquísima en sociología política:

Cuando no se logra explicar el apoyo social de un movimiento, se atribuye a una figura carismática casi hipnótica.

El problema es que el propio texto desmonta involuntariamente su tesis.

Si Vox fuera únicamente un culto personalista, sería difícil explicar:

  • su crecimiento sostenido en múltiples territorios
  • su capacidad para atraer votantes jóvenes
  • su consolidación electoral durante varios ciclos políticos

Los fenómenos puramente personalistas suelen ser efímeros, no persistentes. La sociología electoral lleva décadas demostrándolo.

Así que el artículo intenta explicar un fenómeno estructural recurriendo a una explicación psicológica simplista: “todo es Abascal”.

Es un argumento cómodo, pero intelectualmente perezoso.

3. El curioso síndrome del votante inexplicable

Uno de los pasajes más reveladores del artículo afirma que resulta “difícil saber qué ven los jóvenes votantes en Vox”.

Desde un punto de vista académico, esta frase es extraordinaria.

No porque la pregunta sea absurda, sino porque revela una negativa a aceptar explicaciones empíricas que ya existen.

Las investigaciones sobre voto joven en Europa señalan varios factores recurrentes:

  • rechazo a los partidos tradicionales
  • percepción de bloqueo institucional
  • crisis de representación política
  • reacción frente a agendas culturales percibidas como impuestas

Pero el artículo prefiere evitar estas variables estructurales. En lugar de ello, se limita a insinuar que el fenómeno es casi misterioso.

En sociología, cuando un analista dice “no se entiende por qué ocurre esto”, muchas veces significa simplemente:
“no me gusta la explicación que existe”.

4. La ironía involuntaria del argumento central

El título acusa a Vox de ser el triunfo de la partitocracia.

Sin embargo, el razonamiento del texto sugiere algo distinto: que el partido crece precisamente cuando rompe con los pactos tradicionales y adopta una estrategia más independiente.

Es decir:

  • cuando coopera con el sistema → es irrelevante
  • cuando compite con él → es partitocracia

El lector atento detectará aquí una pequeña incoherencia lógica.

Si un partido rompe los equilibrios del sistema bipartidista y gana votos, eso no suele llamarse “triunfo de la partitocracia”.

En ciencia política se llama competencia electoral.

Pero claro, reconocer esto implicaría aceptar que el problema no es el comportamiento del partido, sino el hecho de que exista.

5. El tono moralizante como sustituto del argumento

A medida que avanza el artículo, el lenguaje se vuelve cada vez más religioso:

  • “logia masónica”
  • “sumo sacerdote”
  • “monaguillos”
  • “iglesia del Santi Supremo”

Este tipo de metáforas es muy revelador desde el punto de vista psicológico. Cuando un discurso abandona el análisis institucional y recurre a imágenes casi litúrgicas, suele significar que ha entrado en el terreno del desprestigio simbólico.

Es un recurso eficaz en la retórica política, pero débil en el análisis académico.

Básicamente equivale a decir:

“No voy a explicar el fenómeno, voy a ridiculizarlo.”

Y ridiculizar algo es mucho más fácil que comprenderlo.

6. El verdadero subtexto del artículo

Si uno elimina las metáforas, las insinuaciones y las descalificaciones, lo que queda del artículo es en realidad bastante simple:

  • Vox compite con el PP por el mismo electorado
  • esa competencia puede debilitar la hegemonía del centroderecha tradicional
  • el autor considera que eso es un problema

Eso es todo.

El resto del texto —las acusaciones de sectarismo, las analogías religiosas, las insinuaciones conspirativas— funciona como decorado emocional para justificar esa preocupación.

Desde la sociología política, este fenómeno tiene nombre:
conflicto intra-élite dentro de un mismo espacio ideológico.

Y es perfectamente normal en democracias plurales.

7. Conclusión: el espejo involuntario

El artículo pretendía demostrar que Vox es una anomalía política producto del oportunismo partidista.

Pero leído con distancia analítica, termina mostrando algo distinto: el desconcierto de ciertos sectores del establishment político ante un electorado que ya no se comporta como antes.

Y ahí reside su valor sociológico.

Porque a veces los textos más reveladores no son los que analizan un fenómeno político…
sino los que muestran cómo reaccionan quienes no logran explicarlo.

El autor quería retratar a Vox.

Pero, con una ironía que probablemente no esperaba, el retrato más nítido que emerge del artículo es el de una vieja cultura política incapaz de aceptar que el mapa electoral ha cambiado. Y cuando eso ocurre, la crítica suele adoptar una forma muy humana:
primero incredulidad, luego sarcasmo, y finalmente una cierta irritación elegante disfrazada de análisis.

Un proceso psicológico perfectamente comprensible.

Aunque no necesariamente convincente.


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