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jueves, 14 de mayo de 2026

Anatomía de una decadencia telefonica anunciada...Por si te vas

 


Anatomía de una decadencia telefonica anunciada. 

O cómo el socialismo corporativo convierte una multinacional en un comité de bienestar con fibra óptica. "El socialismo es la doctrina sublime según la cual no importa adónde vas, siempre que vayas todos juntos."

Hay una forma peculiar de destrucción que no produce ruido, ni escombros, ni detenidos. Es silenciosa, burocrática y, lo que es más admirable, sinceramente convencida de su propia virtud. Me refiero al proceso mediante el cual el socialismo, esa fe sin Dios pero con muchos sacerdotes, coloniza progresivamente las instituciones que no construyó pero que, con infinita paciencia, termina administrando hasta su irrelevancia.

Telefónica nos ofrece hoy un caso de estudio de valor pedagógico incalculable. No porque haya quebrado, eso sería demasiado dramático y poco rentable como lección, sino porque está ejecutando algo mucho más sofisticado: la contracción ordenada, la retirada elegante, el adelgazamiento justificado. En suma: la excelencia de la mediocridad bien gestionada.

"Cuando una empresa necesita explicar constantemente que sus resultados serían buenos si no contásemos lo malo, hemos alcanzado una nueva frontera de la creatividad contable."

I. El EBITDA ajustado, o la metafísica de los beneficios imaginarios

Permítaseme comenzar con una observación filosófica elemental: la ealidad no se ajusta. Los costes no se ajustan. Los trabajadores despedidos no son "extraordinarios". Sólo los informes de resultados tienen ese privilegio ontológico: existir en un plano paralelo donde las pérdidas son siempre circunstanciales y los beneficios, siempre estructurales.

Los resultados de Telefónica para 2026 exhiben con maestría esta técnica. Cuatrocientos once millones de euros en pérdidas netas. Pero,y aquí el comunicado adopta un tono casi pastoral, si uno se abstrae de las desinversiones en Chile, Colombia y México, si uno cierra los ojos ante lo discontinuado, si uno respira hondo y se concentra en el "beneficio neto ajustado", el paisaje se torna idílico. Es el método de quien, habiendo perdido tres cuartas partes del jardín, alaba la salud del macetero que le queda.

La pregunta académicamente pertinente no es si este método es deshonesto, no lo es, formalmente, sino si revela una cultura organizativa en la que el relato ha comenzado a sustituir a la realidad. Y esa sustitución, lectores, tiene nombre en filosofía política: es el síntoma clásico de las instituciones colonizadas por el pensamiento de la permanencia, es decir, por el socialismo corporativo.

"Nunca juzguéis a una empresa por sus pérdidas. Juzgadla por la sofisticación con que las explica." II. El repliegue estratégico, o la épica de retirarse hacia ninguna parte

Durante décadas, Latinoamérica fue el espacio natural de expansión de Telefónica. Su equivalente funcional a lo que la Commonwealth representaba para las telecos británicas, o África para Orange. Un territorio donde la "Marca España" se materializaba en cobre, fibra y contratos de servicio universal.

Ahora vendemos eso. Lo vendemos para reducir deuda. Lo vendemos para mejorar ratios. Lo vendemos porque, nos dice la narrativa oficial, algunos de esos mercados presentaban "tensiones financieras". Brasil, convenientemente, no se vende: Brasil crece, Brasil genera EBITDA récord, Brasil tiene millones de nuevos accesos. Brasil sigue siendo Latinoamérica, pero de la Latinoamérica rentable, de manera que la teoría de los "mercados deficitarios" requiere, como toda buena teoría socialista, de excepciones que la salven.

Lo que en realidad describe este proceso es clásico en la teoría de la decadencia institucional: cuando una organización deja de pensar en términos de creación de valor futuro y comienza a pensar en términos de estabilización presente, se vuelve racionalmente autodestructiva. Vende el futuro para financiar la tranquilidad del presente. Y lo hace con la mejor de las intenciones.

"Reducir deuda mientras se reduce perímetro no es una estrategia de transformación. Es una estrategia de adelgazamiento. Y un paciente que adelgaza demasiado no siempre está en forma: a veces, sencillamente, está enfermando."

III. La financiarización, o cuando la empresa olvida para qué existe

Hay un momento preciso, aunque difícil de fechar, en el que una empresa deja de ser una empresa y se convierte en un instrumento de gestión financiera. Ese momento suele coincidir con la llegada de un nuevo perfil directivo: el administrador. No el constructor, no el visionario, no el técnico; el administrador. El hombre o mujer, por supuesto, el socialismo es igualitario hasta en esto, que hereda una catedral y la convierte en una oficina de seguros.

El lenguaje de los informes actuales de Telefónica es elocuente en su insistencia: preservar dividendo, tranquilizar accionistas, mejorar ratios de deuda, optimizar eficiencia. Todo correcto. Todo razonable. Todo, sospechosamente, de corto plazo.

¿Dónde está el cloud soberano europeo? ¿La inteligencia artificial industrial? ¿La ciberseguridad como palanca estratégica? ¿El edge computing? Las grandes telecos que sobrevivirán a esta década no son las que reducen deuda: son las que controlan los ecosistemas tecnológicos del futuro. AT&T y su deuda astronómica son un aviso. Pero también lo es Orange, que financia con disciplina financiera proyectos de soberanía digital europea. La diferencia no es contable: es filosófica. Es la diferencia entre administrar el presente y construir el futuro.

IV. La meritocracia erosionada, o el triunfo del expediente sobre la excelencia

Toda gran corporación colonizada por la lógica política produce el mismo fenómeno interno: la sustitución gradual del mérito técnico por la afinidad institucional. No es un proceso intencionado. Es el efecto inevitable de estructuras donde el riesgo de equivocarse es mayor que el beneficio de acertar; donde el alineamiento con el discurso oficial protege más que la competencia técnica; donde la lealtad corporativa sube más deprisa que la excelencia operativa.

Telefónica no es, en esto, una excepción: es un ejemplo particularmente bien documentado. Las "reestructuraciones" que el informe menciona con estudiada discreción equivalen, en lenguaje no ajustado, a la salida del conocimiento acumulado y su sustitución por perfiles más baratos, más dóciles y, en términos de innovación real, más vacíos. La empresa que pierde a sus mejores ingenieros para mejorar su ratio de eficiencia puede ganar trimestralmente y perder históricamente.

El socialismo corporativo ama la eficiencia de corto plazo porque es medible, presentable y aplaude bien en rueda de prensa. Aborrece la innovación de largo plazo porque es incierta, costosa y no cabe en un PowerPoint trimestral.

V. España y el lujo de la irrelevancia tecnológica

Concluyo con la observación más grave, y por tanto la que más incomoda formular en voz alta: mientras el mundo entra aceleradamente en una era de soberanía digital y competencia geoestratégica, España parece dispuesta a aceptar, con encomiable ecuanimidad, la reducción progresiva de su única multinacional tecnológica de escala global.

China expande Huawei. Estados Unidos blindan sus infraestructuras críticas y exportan su hegemonía digital con voluntad explícita. Francia protege Orange. Alemania construye ecosistemas industriales propios. Nosotros ajustamos el EBITDA.

No es un reproche a los ejecutivos. Es un reproche a la cultura política que produce ejecutivos así: prudentes, razonables, financieramente responsables y geopolíticamente invisibles. Una cultura que ha aprendido a gestionar la decadencia con tanta eficiencia que ya no la distingue del éxito.

Hay naciones que pierden imperios entre gritos y catástrofes. Otras los pierden entre notas de prensa y conferencias de resultados. Las segundas raramente se dan cuenta de cuándo exactamente ocurrió la pérdida. Para cuando lo hacen, el EBITDA ajustado ya no alcanza para financiar la nostalgia.

"Una sociedad que no puede distinguir entre administrar su declive y construir su futuro, está condenada a perfeccionar el primero."


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