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martes, 11 de agosto de 2026

La responsabilidad de VOX empieza donde termina el miedo....con vox, sí se puede.

 


LA RESPONSABILIDAD DE VOX EMPIEZA DONDE TERMINA EL MIEDO

Las democracias no se debilitan únicamente por quienes ejercen el poder.

También se debilitan cuando quienes podrían exigir responsabilidades prefieren callar.

Si durante años aceptamos que el partido esté por encima de las instituciones, que la fidelidad ideológica pese más que la competencia, que el silencio resulte más rentable que la denuncia y que la ideología determine nuestra valoración moral de los hechos, el problema deja de ser exclusivamente una persona.

El problema pasa a ser la propia cultura política.

Por eso, la pregunta no debería ser solamente:

¿Quién gobierna?

Sino algo mucho más importante:

¿Qué tipo de sistema político estamos construyendo entre todos?

España no necesita otro líder providencial.

Necesita algo mucho menos espectacular y mucho más eficaz:

Instituciones independientes.
Controles efectivos.
Transparencia.
Justicia sin colores políticos.
Y partidos capaces de corregirse a sí mismos.

Y aquí aparece una cuestión que ya no debería poder despacharse simplemente con una etiqueta:

¿Por qué VOX debe ser descalificado de antemano por el calificativo de “extremista”, en lugar de ser juzgado por sus propuestas y por su actuación política?

VOX no ha gobernado España desde el Ejecutivo central.

Por tanto, puede ser cuestionado, criticado y fiscalizado, como cualquier otro partido, pero también debe poder ser evaluado sin prejuicios y sometido a la prueba de los hechos.

Porque si realmente queremos romper con las inercias del bipartidismo, habrá que aceptar una posibilidad que a muchos incomoda:

que los españoles puedan decidir probar una alternativa diferente.

Y si esa alternativa fuera VOX, su responsabilidad comenzaría precisamente entonces.

Tendría que demostrar que aquello que exige a los demás también está dispuesto a aplicárselo a sí mismo:

Constitución.
Estado de Derecho.
Separación de poderes.
Transparencia.
Responsabilidad.
Y prioridad del interés general.

No se trata de cambiar una lista de nombres por otra.

Ni de sustituir una ideología por otra.

Se trata de conseguir que nadie esté por encima de las instituciones.

Porque quizá la verdadera pregunta ya no sea:

“¿Es VOX demasiado extremo?”

Sino:

¿Es realmente extremista exigir aquello que debería ser normal en una democracia?

Y quizá haya llegado el momento de dejar de tener miedo a las etiquetas.

Que los ciudadanos comparen.
Que juzguen.
Que exijan.
Y que voten.

Porque en democracia, la última palabra no debería pertenecer ni al PSOE, ni al PP, ni a VOX.

Debe pertenecer a los españoles.


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