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sábado, 25 de octubre de 2025

Desde Estambul: La hora de las cicatrices....Passion


 

Desde Estambul: La hora de las cicatrices

Por un cronista que conoció los golpes en El Helicoide

Salí de la prisión con marcas que no se borran en la piel. Pero las cicatrices enseñan. Me enseñaron que los regímenes que se sostienen con miedo y con negocios torcidos no son invencibles: son muy prácticos, y su cálculo se rompe cuando el dinero deja de llegar y las sombras dejan de protegerlos. Lo que hoy vemos en el Caribe -ataques a embarcaciones, amenazas abiertas de invasión encubierta, y la retirada parcial de apariencias diplomáticas- no es una novela: es la economía de la caída en marcha. AP News+1

En Washington se oyó una frase que trastornó la retórica regional: “simplemente vamos a matar a quienes traen drogas a nuestro país”, dijo el líder estadounidense en un encuentro con su equipo de seguridad, anunciando además que la acción podría pasar de la mar a la tierra. Pocas frases públicas han tenido, en semanas, un efecto tan práctico: legitiman acciones militares y obligan a aliados, proveedores y timoratos a replantear cuentas. Al Jazeera

La respuesta en Caracas no fue timorata: Maduro gritó paz en inglés en televisión pública y, a la vez, exhibió misiles y milicias, prometiendo usar hasta 5.000 MANPADS o Sistemas de Defensa Antiaérea Portátiles  y movilizar “milicias de un millón” para repeler intervenciones. Esa teatralidad armada era, hasta ahora, el paraguas que disimulaba la fractura interna: cuando las rutas del contrabando se ven acosadas y cuando las potencias externas comienzan a hacer visible su intención de cortar flujos, la lógica cambia.

No necesitas una coalición internacional para quebrar un régimen; necesitas una secuencia implacable de exposiciones y rupturas de confianza. Desde mi celda aprendí que el poder autoritario vive de la confidencia: si el jefe puede garantizar que nadie hablará, entonces se compra la lealtad. Si el jefe ya no puede garantizar impunidad -si barcos mueren en alta mar, si imágenes y documentos corren sin censura, si clientes y fornecedores temen por sus bienes- entonces los apoyos se evaporan. Esa evaporación es lo que hay que provocar y acelerar. Las recientes operaciones navales de Estados Unidos contra embarcaciones sospechosas, que han dejado decenas de muertos en varias operaciones, están acelerando ese proceso. Wikipedia+1

Desde Estambul se mira con doble lectura. Por un lado, hay solidaridad estatal y pronunciamientos; por otro, la relación estratégica con Caracas es práctica y contingente. Las señales de contactos y acuerdos entre Moscú y Caracas existen; pero la política real se mide en activos desplegados y en diplomáticos presentes. Si efectivamente hubo una marcha visible de personal extranjero -como circula en redes en las últimas 48 horas- eso cambia el balance: el aislamiento diplomático reduce la protección política y multiplica las motivaciones para lidiar con la corrupción interna por métodos políticos expeditivos. He visto esa lógica funcionar: cuando el paraguas desaparece, empieza la búsqueda de salvoconductos personales, no la lealtad. (Nadie exige aquí que la retirada de personal sea confirmada por un parte oficial; pero sí se registra el movimiento como factor de presión en la realidad política.) Prensa Latina+1

¿Qué hará la cúpula? Tres cosas, clásicas y previsibles: endurecer la represión, intentar capturar la narrativa internacional y volver a vender la idea del enemigo externo para unificar a la base. Ya vimos el primer movimiento: convocatorias a la movilización popular, llamadas al paro “revolucionario” y la exhibición de fuerzas paramilitares. Si el régimen se queda sin crédito externo y sus líneas de financiamiento se cortan, esas medidas sólo alargarán su agonía y multiplicarán la posibilidad de errores tácticos internos (revueltas, deserciones, purgas).

Pero permíteme ser claro: mi propuesta -y la de quienes conocen la tortura- no es la gloria de la violencia sino la eficacia de la ruptura rápida. Exponer a los capos que han convertido el Estado en una central de negocios; publicar nombres, contratos y flujos; forzar la contabilidad pública hasta que los gerentes del miedo vean que ya no pueden pagar la lealtad. La política, cuando se instrumenta así, obliga a los subordinados a elegir entre seguir protegidos por quien se hunde o proteger a sus familias y su porvenir colaborando con la salida. Esa elección es la que parte a cualquier aparato. Las recientes noticias sobre ataques marítimos y la presión extrarregional aceleran esa elección en el seno de la élite. The Guardian+1

¿Riesgos? Muchos. Si la escalada externa se convierte en excusa para represión total, pagarán los civiles. Si actores externos aprovechan el caos para impor su esquema geopolitico, la región lo resentirá por años. Esa es la diferencia entre una implosión dirigida y un colapso sin control. Yo, que me vestí con la ropa de la cárcel, prefiero acelerar la implosión con pruebas, con verdad y con ofertas de protección a los que decidan abandonar cadenas de mando; prefiero que la justicia sea visible y no la venganza anónima. Las pruebas y la exposición son la intervención más efectiva: humillan a los poderosos y liberan a la gente sin requerir invasiones. AP News+1

Desde Estambul observo, con frialdad estratégica, la posibilidad de un final rápido: la suma de presión naval, el desgaste económico y la pérdida de paraguas internacional puede producir rendiciones, negociaciones o fragmentaciones internas que terminen con la cúpula. No es un deseo; es un cálculo. Y como quien sobrevivió al Helicoide, digo: que caiga el régimen no significa que la ciudad deba arder. Significa que el Estado debe volver a ser instrumento de servicio y no caja negra. Para eso sirven las pruebas, la exposición y la decisión de no sostener más la mentira.



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