Desde Estambul: La hora de las
cicatrices
Por un cronista que conoció los golpes en El Helicoide
Salí de la prisión
con marcas que no se borran en la piel. Pero las cicatrices enseñan. Me
enseñaron que los regímenes que se sostienen con miedo y con negocios torcidos
no son invencibles: son muy prácticos, y su cálculo se rompe cuando el dinero
deja de llegar y las sombras dejan de protegerlos. Lo que hoy vemos en el
Caribe -ataques a embarcaciones, amenazas abiertas de invasión encubierta, y la
retirada parcial de apariencias diplomáticas- no es una novela: es la economía
de la caída en marcha. AP News+1
En Washington se
oyó una frase que trastornó la retórica regional: “simplemente vamos a matar a
quienes traen drogas a nuestro país”, dijo el líder estadounidense en un
encuentro con su equipo de seguridad, anunciando además que la acción podría
pasar de la mar a la tierra. Pocas frases públicas han tenido, en semanas, un
efecto tan práctico: legitiman acciones militares y obligan a aliados,
proveedores y timoratos a replantear cuentas. Al Jazeera
La respuesta en
Caracas no fue timorata: Maduro gritó paz en inglés en televisión pública y, a
la vez, exhibió misiles y milicias, prometiendo usar hasta 5.000 MANPADS o Sistemas
de Defensa Antiaérea Portátiles y movilizar “milicias de un millón” para
repeler intervenciones. Esa teatralidad armada era, hasta ahora, el paraguas
que disimulaba la fractura interna: cuando las rutas del contrabando se ven
acosadas y cuando las potencias externas comienzan a hacer visible su intención
de cortar flujos, la lógica cambia.
No necesitas una
coalición internacional para quebrar un régimen; necesitas una secuencia
implacable de exposiciones y rupturas de confianza. Desde mi celda aprendí que
el poder autoritario vive de la confidencia: si el jefe puede garantizar que
nadie hablará, entonces se compra la lealtad. Si el jefe ya no puede garantizar
impunidad -si barcos mueren en alta mar, si imágenes y documentos corren sin
censura, si clientes y fornecedores temen por sus bienes- entonces los apoyos
se evaporan. Esa evaporación es lo que hay que provocar y acelerar. Las
recientes operaciones navales de Estados Unidos contra embarcaciones
sospechosas, que han dejado decenas de muertos en varias operaciones, están acelerando
ese proceso. Wikipedia+1
Desde Estambul se mira
con doble lectura. Por un lado, hay solidaridad estatal y pronunciamientos; por
otro, la relación estratégica con Caracas es práctica y contingente. Las
señales de contactos y acuerdos entre Moscú y Caracas existen; pero la política
real se mide en activos desplegados y en diplomáticos presentes. Si
efectivamente hubo una marcha visible de personal extranjero -como circula en
redes en las últimas 48 horas- eso cambia el balance: el aislamiento
diplomático reduce la protección política y multiplica las motivaciones para
lidiar con la corrupción interna por métodos políticos expeditivos. He visto
esa lógica funcionar: cuando el paraguas desaparece, empieza la búsqueda de
salvoconductos personales, no la lealtad. (Nadie exige aquí que la retirada de
personal sea confirmada por un parte oficial; pero sí se registra el movimiento
como factor de presión en la realidad política.) Prensa Latina+1
¿Qué hará la
cúpula? Tres cosas, clásicas y previsibles: endurecer la represión, intentar
capturar la narrativa internacional y volver a vender la idea del enemigo
externo para unificar a la base. Ya vimos el primer movimiento: convocatorias a
la movilización popular, llamadas al paro “revolucionario” y la exhibición de
fuerzas paramilitares. Si el régimen se queda sin crédito externo y sus líneas
de financiamiento se cortan, esas medidas sólo alargarán su agonía y
multiplicarán la posibilidad de errores tácticos internos (revueltas,
deserciones, purgas).
Pero permíteme ser
claro: mi propuesta -y la de quienes conocen la tortura- no es la gloria de la
violencia sino la eficacia de la ruptura rápida. Exponer a los capos que han
convertido el Estado en una central de negocios; publicar nombres, contratos y
flujos; forzar la contabilidad pública hasta que los gerentes del miedo vean
que ya no pueden pagar la lealtad. La política, cuando se instrumenta así,
obliga a los subordinados a elegir entre seguir protegidos por quien se hunde o
proteger a sus familias y su porvenir colaborando con la salida. Esa elección
es la que parte a cualquier aparato. Las recientes noticias sobre ataques
marítimos y la presión extrarregional aceleran esa elección en el seno de la
élite. The Guardian+1
¿Riesgos? Muchos.
Si la escalada externa se convierte en excusa para represión total, pagarán los
civiles. Si actores externos aprovechan el caos para impor su esquema
geopolitico, la región lo resentirá por años. Esa es la diferencia entre una
implosión dirigida y un colapso sin control. Yo, que me vestí con la ropa de la
cárcel, prefiero acelerar la implosión con pruebas, con verdad y con ofertas de
protección a los que decidan abandonar cadenas de mando; prefiero que la
justicia sea visible y no la venganza anónima. Las pruebas y la exposición son
la intervención más efectiva: humillan a los poderosos y liberan a la gente sin
requerir invasiones. AP News+1
Desde Estambul observo, con frialdad estratégica, la posibilidad de un final rápido: la suma de presión naval, el desgaste económico y la pérdida de paraguas internacional puede producir rendiciones, negociaciones o fragmentaciones internas que terminen con la cúpula. No es un deseo; es un cálculo. Y como quien sobrevivió al Helicoide, digo: que caiga el régimen no significa que la ciudad deba arder. Significa que el Estado debe volver a ser instrumento de servicio y no caja negra. Para eso sirven las pruebas, la exposición y la decisión de no sostener más la mentira.

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