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miércoles, 29 de octubre de 2025

La verdad bajo instrucción fiscal - Crónicas jurídicas de un futuro posible....Brunch Electronik


 

“La verdad bajo instrucción fiscal - Crónicas jurídicas de un futuro posible”

El siglo de las certezas improbables

Corre el año 2040. La humanidad ha sobrevivido a tres pandemias, dos guerras de información y una reforma judicial que convirtió al Ministerio Fiscal en una suerte de demiurgo procesal. El viejo principio de separación de poderes, como las mascarillas del COVID o los billetes en papel, se guarda en museos institucionales bajo la etiqueta de “reliquia democrática”.

Las catástrofes del pasado -el 11S, el 11M, el COVID o la DANA de 2025 que arrasó media península- ya no se estudian como hechos trágicos, sino como “sucesos gestionados”. La semántica jurídica se depuró para no ofender al azar: nadie es culpable, todos son parte del protocolo.

El nacimiento del “Estado de la tutela judicial”

La llamada Ley Bolaños de Enjuiciamiento Criminal, aprobada con solemnidad cuasi teocrática, prometía una justicia “más ágil”, “más eficaz” y, sobre todo, “más coordinada”. En la práctica, significó que el fiscal -nombrado por el Gobierno, pero “autónomo”- podía instruir causas, dirigir a la UCO, y tomar decisiones que, salvo afectaran a derechos fundamentales, no podían recurrirse

El juez de garantías, reducido a figura decorativa, se convirtió en el nuevo notario de la sospecha. No investigaba: ratificaba. Su función era confirmar que el procedimiento mantenía el tono narrativo correcto para el boletín oficial.

Las nuevas narrativas del poder y la verdad procesal

En este nuevo orden jurídico, las investigaciones sobre tragedias globales adquirieron un matiz casi literario. Cuando en 2035 aparecieron “nuevos testimonios” que vinculaban ciertos atentados y pandemias con errores administrativos, la instrucción se resolvió con un comunicado fiscal:

“No procede la persecución penal. La verdad, como la ciencia, no admite recurso.”

La Fiscalía, fiel a su nueva misión pastoral, no investigaba culpables sino narrativas alternativas. El Derecho se transformó en sociología aplicada del consenso. Las víctimas fueron reemplazadas por “afectados”; los responsables, por “agentes involuntarios del sistema de riesgos”.

Antropología del proceso y la burocracia moral

Desde la antropología jurídica, este fenómeno representó el retorno del chamán institucional. El fiscal-instructor asumió el rol de mediador simbólico entre el orden político y el imaginario social del delito.

El proceso penal dejó de ser un ritual de justicia y pasó a ser un acto de exorcismo social: eliminar el mal no castigando, sino reinterpretando.

Sociológicamente, la ciudadanía aceptó la reforma con la resignación del contribuyente digital: “si tarda menos, será mejor”. El sistema judicial se volvió un algoritmo de eficiencia moral, donde la verdad empírica se subordinaba a la verdad útil.

La ironía del progreso judicial

Mirando hacia atrás, uno comprende que la historia del Derecho no avanza en línea recta, sino en espiral: cada giro promete modernidad, pero termina donde comenzó, solo con mejores servidores y peor memoria.

En este futuro hipotético -aunque demasiado verosímil-, la Ley de Enjuiciamiento Criminal del PSOE no solo reconfiguró el proceso penal, sino también el concepto mismo de justicia. Porque cuando la instrucción pasa a manos del poder político, la verdad deja de ser un hallazgo para convertirse en una versión oficial.

Y como recordaba un viejo jurista cínico de nuestro tiempo:

“Cuando el fiscal investiga al Gobierno y el Gobierno nombra al fiscal, el proceso deja de ser penal y pasa a ser protocolario.”

 


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