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viernes, 28 de noviembre de 2025

“…cuando el PP descubre que la calle ya no le pertenece”...Sombrío


 

“…cuando el PP descubre que la calle ya no le pertenece”

Aznar: "Vox no es un pilar constitucional, quiere derruir al PP y cambiar el sistema", El ex presidente del Gobierno dice en Es la mañana de Federico.  

Si uno escucha a los estrategas del PP, parece que España entera está esperando a Feijóo para que les dé permiso para respirar. Pero basta con levantar la vista de los argumentarios para advertir la escena real: un partido desconcertado, nervioso, mirando de reojo a Vox con la misma mezcla de desprecio y miedo que siente un actor veterano cuando descubre que el público está aplaudiendo al figurante.

Porque sí: mientras el PP organiza actos “sin siglas”, “por la libertad” y “por la decencia”, la realidad política late por debajo como un secreto a voces: hay un sector creciente de la derecha social que ya no reconoce al PP como su casa natural.

Y ese cambio no lo marcan los medios, ni las encuestas, ni los editoriales alineados: lo marca la calle, ese espacio imprevisible que no necesita permiso del CIS ni del sociómetro de Moncloa.

El PP, más que convocar a los ciudadanos, parece querer convocarse a sí mismo. Se repite, como un mantra tranquilizador, que es “el partido de la moderación”, mientras observa cómo Vox moviliza más músculo social sin necesidad de envolverse en tecnicismos, consultores ni académicos de alquiler.

La reacción de sus viejos guardianes es reveladora. Aznar, el patriarca del orden, regresa del Olimpo para advertir ~otra vez~ que solo el PP puede salvar la patria. El mensaje es claro:
“Hijos míos, no os vayáis con ese partido que habla demasiado fuerte, porque el trono es solo para uno.”

Pero la advertencia llega tarde.
Muy tarde.

Mientras en Génova hacen equilibrios para contentar a todos, en los márgenes se ha encendido una energía política que ya no pasa por el filtro del consenso tibio. La sensación —que corre entre militantes, simpatizantes y votantes desencantados— es que el PP ha olvidado por qué existía, y que ahora vive atrapado en una doble ansiedad:

—teme que Vox le quite votos,

—pero aún más teme admitir por qué podría quitárselos.

Así, los actos “cívicos”, las concentraciones “sin banderas” y los llamamientos “ciudadanos” del PP terminan pareciendo lo que realmente son: intentos de recuperar una hegemonía que se les escapa entre los dedos, mientras la gente decide por libre, sin pedir permiso a los medios, a las encuestas ni a los viejos oráculos.

La paradoja es deliciosa:
Un PP que se proclama líder natural del centro-derecha…
…mientras necesita suplicar que todos acudan “sin siglas” para disimular que ya no llena plazas como antes.

La pregunta ya no es quién ganará qué.
La pregunta —incómoda para algunos— es otra:
¿qué pasa cuando un partido deja de expresar a su propio electorado, pero insiste en creer que aún lo lidera?

La respuesta se está viendo en la calle.
Y no precisamente bajo las siglas del PP.


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