REFERENCIA APICE

REFERENCIA APICE

martes, 18 de noviembre de 2025

El presidente, el baúl y los 817 millones que buscaban aventuras...CHANEL


 

“El presidente, el baúl y los 817 millones que buscaban aventuras”

Hay días en la política española en que uno tiene la sospecha de que los presupuestos generales del Estado, lejos de ser ese armazón contable severo y marmóreo que imagina el ciudadano, son en realidad un baúl con ruedas que el presidente empuja por los aeropuertos del mundo como quien lleva una maleta rebelde con vida propia.

Según cuentan las crónicas del día -que más que periodistas parecen ya escritores de realismo mágico-, el presidente Pedro Sánchez anunció que España movilizará 817 millones de euros de ayuda militar a Ucrania. Y uno, desde su sillón de ciudadano medio, solo puede preguntarse:
¿Movilizará, dijo? ¿Es que el dinero estaba inmóvil, sentado en un banco tomando el sol?

El dinero español -que en conjunto es de todos pero en la práctica nunca está cuando lo buscas- parece tener más kilómetros que un piloto de Fórmula 1. Justo cuando uno cree que quizá se invertirá en carreteras, sanidad o la reparación de esa farola que parpadea como un actor de teatro mudo pidiendo socorro… ¡zas! El presidente lo sube a un avión rumbo a una nueva aventura internacional.

Sánchez y el eterno Erasmus diplomático

Nuestro presidente, que a estas alturas posee más millas acumuladas que un ejecutivo de aerolínea en crisis existencial, recibió a Volodímir Zelenski, quien no llegó esta vez con su ropa militar habitual, sino vestido de negro, quizá de luto por la tregua inexistente o, tal vez, porque el negro es el color que mejor combina con Europa cuando uno viene a pedir más armamento.

El encuentro incluyó paradas artísticas: Congreso, Zarzuela, Reina Sofía, Moncloa… Una visita guiada que solo le faltó incluir un chocolate con churros en San Ginés, no tanto por protocolo, sino para demostrar que, pese a las bombas, aquí seguimos defendiendo con ardor la gastronomía.

817 millones: la cifra que hace sonar alarmas auditivas

La cifra, por su parte, es redonda, contundente, casi poética:
817 millones.

No son 800, que sería vulgar; ni 820, que sería sospechoso. No: 817. Lo justo y necesario para que un país en guerra mejore su armamento y, de paso, reconstruya lo destruido por el propio motivo por el que necesita más armamento. Es una especie de círculo económico-bélico que haría las delicias de un economista licenciado en paradojas.

Mientras tanto, en España, el presupuesto propio sigue sin aprobarse. Los ciudadanos, que intuyen que los presupuestos van llegando “cuando puedan”, empiezan a sospechar que la estrategia nacional consiste en gobernar con la técnica milenaria conocida como “tú ve tirando, ya veremos”.

Zelenski y su pasatiempo favorito: visitar empresas españolas

El presidente ucraniano aprovechó para visitar Indra y escuchar atentamente a empresas españolas del sector de defensa. Allí, entre drones, radares y torretas, Zelenski debía de sentirse como un niño en una feria tecnológica:

-¿Eso también dispara?
-Sí.
-¿Y aquello de allí?
-También.
-¿Y eso otro?
-Eso no, ese es el microondas de la sala de empleados, pero si hace falta se estudia.

La ministra Robles, como buena anfitriona, asentía con naturalidad, mientras los ingenieros mostraban avances que probablemente no aparecerán en los catálogos de Navidad de El Corte Inglés.

Guernica: el símbolo que vuelve a escena

Zelenski también visitó el Guernica, inicialmente bautizado con el nombre de “una tarde sin toros” ese cuadro que España exhibe como quien enseña una cicatriz para recordar que lo peor ya pasó, mientras otro país se la está abriendo ahora mismo.

Picasso, dondequiera que esté, debió levantar una ceja pensando:
-Si lo llego a saber, dibujo un paisaje.

Epílogo: la comedia nacional continúa

Y así avanza el relato político español:

el presidente viajando, el dinero movilizándose más que los trenes de cercanías y los ciudadanos mirando las noticias con una mezcla de sorpresa, orgullo internacional y un ligero tic nervioso en el ojo izquierdo.

Porque España, al final, es un país donde la economía parece un personaje literario propio: aparece, desaparece, se enamora, se enfada, se fuga con presidentes o se queda tiesa en casa… y siempre nos deja con un interrogante existencial:

-¿Pero esto lo paga alguien?

A lo que el presidente, desde algún avión rumbo a su próximo destino, quizás respondería:

-Claro que sí, hombre, lo paga España. ¡España moviliza!

Y ahí, justo ahí, empieza la comedia.

---------------------------------------------------

Podemos establecer varias verdades provisionales:

1.     El dinero español sufre de impulsos migratorios.

2.     La geopolítica europea funciona con lógica de feria: disparamos, reconstruimos y repetimos.

3.     Los presidentes, cuando viajan mucho, se convierten en fenómenos meteorológicos.

4.     El Guernica es ya la foto oficial de la tragedia europea, como un selfie histórico recurrente.

Y, por último:
En España seguimos sin presupuestos, pero con el consuelo de que nuestros millones, al menos, ven mundo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario