El
espejismo progresista:
Inmigración,
economía y política en la España del relato
El artículo del New York Times dibuja una España luminosa, casi renacentista, convertida ~según la propia ministra Saiz~ en “faro” de la inmigración occidental. Un país que, frente al giro represivo de otros Estados, acoge con los brazos abiertos a quienes buscan oportunidades. El lector desprevenido podría creer que España ha descifrado el misterio de compatibilizar crecimiento económico, integración cultural y sostenibilidad del Estado del bienestar.
Sin embargo, cuando se
contrasta esa épica gubernamental con los datos empíricos como los estudios académicos recientes, incluyendo el
análisis cuantitativo de corte Harvard~ el brillo se vuelve opaco. El modelo
español se revela menos como un faro y más como un espejo de feria: amplifica
lo deseable, distorsiona lo incómodo y oculta lo esencial.
El
relato del crecimiento: de los “ángeles de la guarda” a la economía real
El artículo sostiene que los más de un millón de
trabajadores llegados desde 2018 han convertido a España en la “gran economía
de más rápido crecimiento de la eurozona”. La afirmación es parcialmente correcta…
pero metodológicamente tramposa. Porque:
· El
crecimiento español reciente proviene mayoritariamente de más personas
trabajando, no de cada trabajador produciendo más.
· España
sigue en el furgón de cola europeo en productividad por hora trabajada.
· Tres
cuartas partes del empleo creado desde 2018 se concentran en hostelería,
agricultura y cuidados: sectores de salarios bajos y productividad estancada.
El gobierno presume de
un milagro económico que, más que milagro, es aritmética demográfica con maquillaje
progresista: meter más leña en la caldera para que el tren avance, aunque el
motor siga igual de viejo.
El estudio de Harvard
lo deja meridianamente claro:
Crecer a golpe de
volumen migratorio no soluciona los problemas estructurales del mercado laboral,
ni de la productividad, ni de las pensiones. Y, desde luego, no requiere “un
millón de inmigrantes al año”, cifra más propia de tertuliano entusiasta que de
modelo actuarial.
La
inmigración irregular: el dato que no sale en la foto oficial
Mientras el NYT presenta a España como ejemplo de
“acogida ordenada”, los datos oficiales del Ministerio del Interior muestran que el país ha registrado los mayores
niveles de entradas irregulares en su historia reciente:
· 2019:
27.000
· 2023:
56.852
· 2024:
63.970 (récord absoluto)
Paradójicamente, el gobierno que presume de
humanismo fronterizo registra más entradas irregulares que cualquier gabinete
anterior.
Pero esto no aparece en el artículo: sería como
poner un extintor en medio de un belén navideño.
Y lo más revelador: el Ministerio vende un descenso
“del 40% en la ruta canaria”, sin mencionar que es un cálculo de un trimestre,
no del año. Mientras tanto, el flujo global aumenta. Género literario: magia
con porcentajes.
Trato
preferencial: latinoamericanos sí, africanos ya si eso
El artículo del NYT
señala que España es particularmente acogedora con migrantes latinoamericanos
por afinidad lingüística y cultural. No miente. Pero omite la otra cara:
·
La mayoría de regularizaciones recientes
se orientan a personas que llegan en avión y se quedan más tiempo del
permitido.
·
Mientras tanto, miles de africanos que
llegan por mar quedan atrapados en un limbo legal y laboral durante años.
·
Las solicitudes de asilo africanas superan
el 90% de denegaciones en algunas nacionalidades.
Es decir: una política
migratoria asimétrica encubierta bajo discurso universalista.
Incluso el diputado de
Vox citado en el artículo reconoce sin pudor esa preferencia étnico-cultural,
pero lo sorprendente es que el NYT y el Gobierno lo traten como un “matiz”,
cuando en realidad es la arquitectura central del sistema.
Ocupación
de viviendas: la presión silenciosa que el artículo no menciona
Las cifras oficiales de ocupaciones ilegales
muestran una tendencia estable o creciente:
· Entre
14.600 y 17.200 casos anuales entre 2019 y 2024.
· Cataluña
concentra el 42%.
No toda ocupación se
debe a migrantes, desde luego.
Pero ignorar que el
aumento de presión demográfica, la informalidad laboral y la escasez de vivienda
social generan tensiones territoriales y fiscales es una forma de voluntarismo
estadístico.
O, en lenguaje español más llano:
decir que no hay problema porque no
conviene reconocerlo.
El
mito del “millón de inmigrantes al año”: desmontaje desde Harvard
Aquí llega la parte más decisiva: el estudio
académico que desmonta el eslogan presidencial y mediático de que “España
necesita un millón de inmigrantes al año para sostener las pensiones”.
Ese titular, repetido hasta la saciedad, reposa
sobre proyecciones agregadas que:
· confunden
stock (personas) con flujos (ocupados);
· ignoran
la tasa de empleo real de los recién llegados;
· y
no calculan la composición (edad laboral, productividad, integración).
El modelo corregido ~que el estudio detalla con
metodología transparente~ muestra que:
La
cifra realista es entre 85.600 y 128.300 inmigrantes netos al año, no
un millón.
Y eso para mantener el número actual de ocupados, ni
siquiera para mejorar la productividad o sostener el sistema de pensiones por
sí solo.
Lo
fundamental del estudio es que señala que:
- Mejorar la tasa de empleo
de los inmigrantes
- Aumentar su nivel formativo
y productividad
- Ajustar la edad efectiva de
jubilación
- Activar a mujeres y mayores
- Aumentar productividad por
trabajador
…reduce
drásticamente la necesidad de nuevos flujos.
Es decir: la política migratoria no debe suplir —ni puede suplir— la
ausencia de reformas internas.
Como decimos
en España,
si el Gobierno necesita un millón de inmigrantes al año es porque prefiere
traer una silla más que arreglar la mesa.
El
modelo político de Sánchez: moralidad hacia afuera, improvisación hacia dentro
El artículo ensalza el “humanismo” del gobierno
español, pero la realidad muestra otra cosa:
· Se
venden discursos integradores,
· Se
firman acuerdos con regímenes africanos autoritarios,
· Se
presume de control mientras se baten récords de entradas irregulares,
· Se
atribuye a la inmigración un crecimiento que proviene en gran parte de mano de
obra barata,
· Se
ignoran las tensiones en vivienda, territorio y fiscalidad.
El gobierno presenta su política migratoria no como
una elección racional compleja, sino como una epopeya moral.
Pero, como recuerda el análisis académico, una estrategia basada únicamente en
volumen es insostenible y conceptualmente errónea.
El “faro” que describe el NYT ilumina mucho hacia
fuera, pero deja zonas oscuras hacia dentro: vivienda, irregularidad,
productividad, envejecimiento, automatización.
La narrativa es poética.
La realidad, más contable.
Conclusión:
entre el faro y el espejismo
Cuando se integran:
· los
datos del Ministerio del Interior,
· las
cifras del Observatorio de la Inmigración,
· las
tablas históricas de población extranjera,
· las
estadísticas de ocupación ilegal,
· y
el estudio técnico tipo Harvard que desmonta el mito del “millón de
inmigrantes”…
queda claro que el relato del gobierno español es ideológicamente
edificante, pero estructuralmente frágil.
España no es un faro.
Es un país que necesita reformas profundas en productividad, empleo, pensiones
y vivienda… pero que ha preferido vender una solución fácil:
más gente.
La política migratoria del actual Gobierno es el
equivalente político de “echar más agua al caldo” cuando llegan invitados
inesperados:
agranda la sopa, sí,
pero no mejora la receta.
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