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jueves, 4 de diciembre de 2025

El espejismo progresista: Inmigración, economía y política en la España del relato...He sido.

 



El espejismo progresista:

Inmigración, economía y política en la España del relato

El artículo del New York Times dibuja una España luminosa, casi renacentista, convertida ~según la propia ministra Saiz~ en “faro” de la inmigración occidental. Un país que, frente al giro represivo de otros Estados, acoge con los brazos abiertos a quienes buscan oportunidades. El lector desprevenido podría creer que España ha descifrado el misterio de compatibilizar crecimiento económico, integración cultural y sostenibilidad del Estado del bienestar.

Sin embargo, cuando se contrasta esa épica gubernamental con los datos empíricos  como los estudios académicos recientes, incluyendo el análisis cuantitativo de corte Harvard~ el brillo se vuelve opaco. El modelo español se revela menos como un faro y más como un espejo de feria: amplifica lo deseable, distorsiona lo incómodo y oculta lo esencial.

El relato del crecimiento: de los “ángeles de la guarda” a la economía real

El artículo sostiene que los más de un millón de trabajadores llegados desde 2018 han convertido a España en la “gran economía de más rápido crecimiento de la eurozona”. La afirmación es parcialmente correcta… pero metodológicamente tramposa. Porque:

·       El crecimiento español reciente proviene mayoritariamente de más personas trabajando, no de cada trabajador produciendo más.

·       España sigue en el furgón de cola europeo en productividad por hora trabajada.

·       Tres cuartas partes del empleo creado desde 2018 se concentran en hostelería, agricultura y cuidados: sectores de salarios bajos y productividad estancada.

El gobierno presume de un milagro económico que, más que milagro, es aritmética demográfica con maquillaje progresista: meter más leña en la caldera para que el tren avance, aunque el motor siga igual de viejo.

El estudio de Harvard lo deja meridianamente claro:

Crecer a golpe de volumen migratorio no soluciona los problemas estructurales del mercado laboral, ni de la productividad, ni de las pensiones. Y, desde luego, no requiere “un millón de inmigrantes al año”, cifra más propia de tertuliano entusiasta que de modelo actuarial.

La inmigración irregular: el dato que no sale en la foto oficial

Mientras el NYT presenta a España como ejemplo de “acogida ordenada”, los datos oficiales del Ministerio del Interior muestran que el país ha registrado los mayores niveles de entradas irregulares en su historia reciente:

·       2019: 27.000

·       2023: 56.852

·       2024: 63.970 (récord absoluto)

Paradójicamente, el gobierno que presume de humanismo fronterizo registra más entradas irregulares que cualquier gabinete anterior.

Pero esto no aparece en el artículo: sería como poner un extintor en medio de un belén navideño.

Y lo más revelador: el Ministerio vende un descenso “del 40% en la ruta canaria”, sin mencionar que es un cálculo de un trimestre, no del año. Mientras tanto, el flujo global aumenta. Género literario: magia con porcentajes.

Trato preferencial: latinoamericanos sí, africanos ya si eso

El artículo del NYT señala que España es particularmente acogedora con migrantes latinoamericanos por afinidad lingüística y cultural. No miente. Pero omite la otra cara:

·       La mayoría de regularizaciones recientes se orientan a personas que llegan en avión y se quedan más tiempo del permitido.

·       Mientras tanto, miles de africanos que llegan por mar quedan atrapados en un limbo legal y laboral durante años.

·       Las solicitudes de asilo africanas superan el 90% de denegaciones en algunas nacionalidades.

Es decir: una política migratoria asimétrica encubierta bajo discurso universalista.

Incluso el diputado de Vox citado en el artículo reconoce sin pudor esa preferencia étnico-cultural, pero lo sorprendente es que el NYT y el Gobierno lo traten como un “matiz”, cuando en realidad es la arquitectura central del sistema.

Ocupación de viviendas: la presión silenciosa que el artículo no menciona

Las cifras oficiales de ocupaciones ilegales muestran una tendencia estable o creciente:

·       Entre 14.600 y 17.200 casos anuales entre 2019 y 2024.

·       Cataluña concentra el 42%.

No toda ocupación se debe a migrantes, desde luego.

Pero ignorar que el aumento de presión demográfica, la informalidad laboral y la escasez de vivienda social generan tensiones territoriales y fiscales es una forma de voluntarismo estadístico.

O, en lenguaje español más llano:
decir que no hay problema porque no conviene reconocerlo.

El mito del “millón de inmigrantes al año”: desmontaje desde Harvard

Aquí llega la parte más decisiva: el estudio académico que desmonta el eslogan presidencial y mediático de que “España necesita un millón de inmigrantes al año para sostener las pensiones”.

Ese titular, repetido hasta la saciedad, reposa sobre proyecciones agregadas que:

·       confunden stock (personas) con flujos (ocupados);

·       ignoran la tasa de empleo real de los recién llegados;

·       y no calculan la composición (edad laboral, productividad, integración).

El modelo corregido ~que el estudio detalla con metodología transparente~ muestra que:

La cifra realista es entre 85.600 y 128.300 inmigrantes netos al año, no un millón.

Y eso para mantener el número actual de ocupados, ni siquiera para mejorar la productividad o sostener el sistema de pensiones por sí solo.

Lo fundamental del estudio es que señala que:

  • Mejorar la tasa de empleo de los inmigrantes
  • Aumentar su nivel formativo y productividad
  • Ajustar la edad efectiva de jubilación
  • Activar a mujeres y mayores
  • Aumentar productividad por trabajador

…reduce drásticamente la necesidad de nuevos flujos.
Es decir: la política migratoria no debe suplir —ni puede suplir— la ausencia de reformas internas.

Como decimos en España,
si el Gobierno necesita un millón de inmigrantes al año es porque prefiere traer una silla más que arreglar la mesa.

El modelo político de Sánchez: moralidad hacia afuera, improvisación hacia dentro

El artículo ensalza el “humanismo” del gobierno español, pero la realidad muestra otra cosa:

·       Se venden discursos integradores,

·       Se firman acuerdos con regímenes africanos autoritarios,

·       Se presume de control mientras se baten récords de entradas irregulares,

·       Se atribuye a la inmigración un crecimiento que proviene en gran parte de mano de obra barata,

·       Se ignoran las tensiones en vivienda, territorio y fiscalidad.

El gobierno presenta su política migratoria no como una elección racional compleja, sino como una epopeya moral.
Pero, como recuerda el análisis académico, una estrategia basada únicamente en volumen es insostenible y conceptualmente errónea.

El “faro” que describe el NYT ilumina mucho hacia fuera, pero deja zonas oscuras hacia dentro: vivienda, irregularidad, productividad, envejecimiento, automatización.

La narrativa es poética.
La realidad, más contable.

Conclusión: entre el faro y el espejismo

Cuando se integran:

·       los datos del Ministerio del Interior,

·       las cifras del Observatorio de la Inmigración,

·       las tablas históricas de población extranjera,

·       las estadísticas de ocupación ilegal,

·       y el estudio técnico tipo Harvard que desmonta el mito del “millón de inmigrantes”…

queda claro que el relato del gobierno español es ideológicamente edificante, pero estructuralmente frágil.

España no es un faro.
Es un país que necesita reformas profundas en productividad, empleo, pensiones y vivienda… pero que ha preferido vender una solución fácil:
más gente.

La política migratoria del actual Gobierno es el equivalente político de “echar más agua al caldo” cuando llegan invitados inesperados:
agranda la sopa, sí,

pero no mejora la receta. 


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