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jueves, 25 de diciembre de 2025

J.M. Albares: anatomía de un ministerio ensimismado....Stupidisco

 


José Manuel Albares: anatomía de un ministerio ensimismado

Este escrito analiza el estilo de liderazgo, la conducta institucional y el impacto sistémico del actual ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a partir de documentación periodística reciente y del conflicto abierto con la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE). El enfoque combina análisis psicosocial, experiencia en gobernanza diplomática y una lectura ensayística deliberadamente irónica, adecuada para un público político-técnico.

Hallazgo central

El Ministerio de Asuntos Exteriores presenta hoy un déficit estructural de interlocución interna, derivado no de la ausencia de normas ~que también~ sino de un estilo de dirección personalista, impermeable y simbólicamente punitivo, que ha sustituido la lógica institucional por una lógica de control político-narrativo.

Dicho de forma menos cortesana: la diplomacia española parece gobernada como si el disenso técnico fuera una impertinencia personal.

El hecho revelador: cuando Moncloa escribe y Exteriores calla

El episodio documentado en un reciente artículo del ABC ~la instrucción indirecta de Presidencia del Gobierno para que el Ministerio atienda a la ADE, seguida de un silencio administrativo absoluto~ no es anecdótico. Es clínicamente significativo.

Desde la perspectiva de la psicodinámica organizacional, ignorar:

·      siete cartas de la ADE,

·      una mediación explícita de Moncloa,

·      y un reglamento profesional obsoleto desde 1955,

No responde a un descuido, sino a una estrategia de evitación activa:

No dialogar para no ceder espacio simbólico.

En términos psíquicos: quien no escucha, manda; quien escucha, comparte.
Y compartir ~parece~ no figura entre las prioridades del actual titular.

Perfil psico-institucional del liderazgo

Sin incurrir en diagnósticos clínicos, sí pueden identificarse rasgos funcionales del estilo de mando:

·      Centralización defensiva: acumulación de decisiones en el vértice ministerial para reducir incertidumbre política.

·      Narcisismo organizativo (no patológico): la confusión progresiva entre la figura del ministro y la institución que dirige.

·      Gestión por silencio: el silencio no como vacío, sino como instrumento disciplinario.

·      Desconfianza estructural hacia los cuerpos profesionales cuando estos reclaman autonomía técnica o normas claras.

Todo ello configura un Ministerio donde la lealtad política sustituye gradualmente a la competencia profesional como principio ordenador.

Ironía institucional: el reglamento franquista como metáfora

Resulta difícil no detenerse ~con ironía casi obligatoria~ en el hecho de que:

·      se invoque con solemnidad la memoria democrática,

·      mientras se mantiene vigente un Reglamento de la Carrera Diplomática de 1955,

·      bloqueando uno nuevo, ya consensuado y constitucional.

Desde un punto de vista simbólico, el mensaje es devastador:

La modernidad se proclama; la arcaicidad se administra.

Pocas metáforas describen mejor el estado actual del Ministerio que esta convivencia pacífica entre discurso progresista y práctica reglamentaria preconstitucional.

Impacto en la política exterior

El daño no es solo interno.

·      Eficacia diplomática:
Un cuerpo diplomático desoído es un cuerpo diplomático desmovilizado. Y la diplomacia, sin motivación ni confianza en la institución, se vuelve meramente ceremonial.

·      Credibilidad internacional:
Los socios exteriores perciben rápidamente cuándo un Ministerio funciona por criterios técnicos y cuándo por impulsos políticos de corto plazo. La diferencia se paga en influencia.

·      Riesgo sistémico:
La sustitución de reglas por discrecionalidad incrementa la ansiedad organizacional y reduce la capacidad de respuesta ante crisis internacionales reales.

Conclusión ejecutiva

José Manuel Albares parece haber optado por un modelo de Ministerio ensimismado, donde la diplomacia se gestiona más como extensión del gabinete político que como servicio público especializado. El resultado no es escándalo inmediato, sino algo más peligroso: erosión lenta de la institucionalidad, pérdida de capital profesional y banalización del silencio como forma de gobierno.

En psiquiatría organizacional existe una máxima sencilla:

Las instituciones que no toleran la palabra terminan siendo gobernadas por el síntoma.

Hoy, el síntoma del Ministerio de Exteriores no es el conflicto con los diplomáticos, sino la incapacidad de escucharlos sin sentirlo como una amenaza.

Recomendación final

Si el objetivo es preservar la política exterior española como política de Estado ~y no como coreografía ministerial~, el primer gesto terapéutico no es un relevo, sino una escucha real, reglada y verificable.

Todo lo demás es retórica… y la diplomacia, paradójicamente, es el arte de que la retórica no lo sea todo.

Una última nota clínica: la política partidaria del PSOE puede sostener el aplauso inmediato; la diplomacia recuerda y contabiliza silenciosamente la pérdida de credibilidad. El daño no siempre se traduce en titulares épicos ~a veces se materializa en redes de contactos que dejan de llamar, en invitaciones que ya no llegan, en gestos protocolares que pierden brillo~. Para un país que necesita aliados, esa pérdida de lustre es, ironía máxima, la forma más efectiva de pasar desapercibido cuando más ruido se necesita hacer en la arena internacional.

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