REFERENCIA APICE

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domingo, 5 de abril de 2026

La política del ocultamiento.

 


"LA POLÍTICA DEL OCULTAMIENTO: PRESUPUESTOS PRORROGADOS, DOCTORADOS PLAGIADOS Y EL COSTE INSTITUCIONAL DE NO SER EVALUADO"

El presupuesto público no es contabilidad. Es política. Y la política, cuando se lee bien, revela qué pretende hacer un Estado con su tiempo y su dinero, y qué prefiere evitar.

La comparación entre el presupuesto federal estadounidense para 2027 y la práctica presupuestaria española de los últimos tres años no es un ejercicio académico rutinario. Es un contraste entre dos formas radicalmente distintas de entender -y de eludir- el poder del Estado.

El presupuesto como contrato político

En la teoría clásica de la hacienda pública, Musgrave identificó tres funciones del presupuesto: asignativa, redistributiva y estabilizadora. A esas tres hay que añadir una cuarta, menos citada pero más reveladora en economías con proyección internacional: la función estratégica. El presupuesto como vector de poder geopolítico, instrumento de política industrial, herramienta de acumulación de influencia.

Bajo esa óptica, la pregunta relevante no es cuánto gasta un Estado, sino para qué. Y, sobre todo, si el presupuesto transforma la realidad o simplemente la esquiva.

Estados Unidos 2027: el presupuesto como doctrina

El presupuesto propuesto para el año fiscal 2027 rompe tendencias. 1,5 billones de dólares en defensa, un aumento del 40-44% interanual. La mayor expansión desde la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, recortes del 10% en gasto no militar y una reorientación explícita hacia defensa, seguridad e industria estratégica.

Es el modelo "guns over butter" sin eufemismos: la prioridad geopolítica se impone sobre el gasto social. No hay ambigüedad en las cifras ni en su intención.

La lógica tiene dos caras. Por un lado, el gasto militar actúa como estímulo industrial dirigido: inteligencia artificial, industria naval, sistemas de defensa avanzados. Efectos multiplicadores reales en sectores complejos. Es, en cierto modo, un Estado desarrollista con uniforme. Por el otro lado, el coste es brutal: déficits anuales cercanos a los dos billones, deuda pública por encima de los 39 billones, y proyecciones que anticipan un deterioro sostenido de la flexibilidad fiscal.

¿Cómo funciona esto sin colapso inmediato? Tres pilares: el dólar como moneda de reserva global, la capacidad de endeudamiento que eso permite y la primacía geopolítica que lo justifica. Es una anomalía histórica: financiar el poder presente con deuda futura. Sostenible hasta que no lo sea.

Lo que importa aquí no es si la apuesta es prudente -probablemente no lo es a largo plazo- sino que es una apuesta deliberada. El presupuesto no miente: dice exactamente qué quiere ser Estados Unidos en los próximos veinte años.

España: la desaparición del presupuesto

España opera desde 2023 sin presupuesto nuevo. Los Presupuestos Generales del Estado de ese año han sido prorrogados automáticamente para 2024, 2025 y 2026. Tercer año consecutivo. El principal instrumento de planificación del Estado moderno ha desaparecido como práctica real de gobierno.

El vacío se cubre con lo que se puede llamar "ingeniería presupuestaria": ampliaciones de crédito, transferencias internas, créditos extraordinarios. En 2025 se registraron modificaciones por más de 100.000 millones de euros. En los primeros meses de 2026, los ajustes aumentaron un 200%. Se gasta, se reasigna y se prioriza, pero sin aprobación parlamentaria directa ni debate formal.

La AIReF lo ha dicho sin rodeos: la situación "no es deseable". Elimina accountability. Reduce transparencia. Hace imposible cualquier planificación plurianual creíble.

Esto no es flexibilidad. Es arbitrariedad institucionalizada.

Lo que se pierde no son solo cifras ordenadas. Se pierde el mecanismo de rendición de cuentas del Estado frente al Parlamento y frente a los ciudadanos. El presupuesto deja de ser un contrato político para convertirse en una opción que el Ejecutivo puede posponer indefinidamente cuando el coste político de aprobarlo es demasiado alto.

Dos modelos, una diferencia de fondo

 

Dimensión

Estados Unidos

España

Existencia de presupuesto

Sí, expansivo y estratégico

No, prorrogado indefinidamente

Naturaleza

Estratégica

Reactiva

Función principal

Poder global

Gestión política interna

Transparencia

Alta

Baja

Horizonte temporal

Largo plazo

Corto plazo

Riesgo principal

Insostenibilidad fiscal

Erosión institucional

El riesgo americano es fiscal: demasiada deuda, demasiados compromisos, tipos de interés que pueden desestabilizar el modelo. Es un riesgo conocido, asumido y, hasta cierto punto, calculado.

El riesgo español es diferente y, a mi juicio, más corrosivo: no es que el Estado gaste mal, sino que el Estado evita ser evaluado. La ausencia de presupuesto no es una anomalía técnica. Es una decisión política repetida que convierte la excepción constitucional en normalidad de gobierno.

Lo que esto implica

Para quien toma decisiones económicas o de inversión, las consecuencias son bastante directas. El entorno estadounidense tiene prioridades legibles -defensa, tecnología, industria- aunque con una factura futura que nadie sabe exactamente cuándo llegará. El español tiene poca visibilidad fiscal, regulación cambiante y un riesgo institucional que va en aumento sin que haya señal clara de corrección.

Pero hay algo más importante que los mercados. Cuando el Estado no presenta presupuesto, el ciudadano corriente pierde la única herramienta que tiene para entender qué va a pasar con su dinero y defender su posición frente a ello. Un presupuesto no lo leen los economistas. Lo debería poder leer cualquiera, porque es donde el Estado firma, de forma verificable, sus compromisos.

Cuando ese documento no existe, el Estado no está ahorrando un trámite. Está evitando ser juzgado. Y eso, con el tiempo, tiene un coste que no aparece en ninguna línea contable.


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