Queridos Reyes Magos de Bruselas:
Este año queremos
fusionarnos.
Hay tradiciones que no
mueren nunca. La lotería de Navidad, el discurso sobre Europa “en una
encrucijada” y, cómo no, las grandes telecos escribiendo a Bruselas para pedir
que, esta vez sí, les dejen concentrar el mercado.
El último ejemplo nos
lo ofrece Telefónica y sus homólogas continentales, que han decidido que 2026
es el año ideal para que la Comisión Europea olvide décadas de Derecho de la
Competencia, se quite la toga y abrace la causa superior de la escala. Porque
si no hay escala, nos dicen, Europa caerá; y si Europa cae, será culpa de que
había demasiadas empresas compitiendo.
Un drama.
El artículo de Cano en
The Objetive financiado ~en espíritu, si
no en factura~ por Telefónica nos sitúa en una escena ya clásica: las grandes
operadoras europeas peregrinando a Bruselas para solicitar, una vez más, que la
Comisión Europea tenga un momento de debilidad regulatoria y permita lo que
hasta ahora ha considerado pecado mortal: pasar de cuatro operadores a tres sin
confesión previa ni penitencia estructural.
El tono del texto es el
de quien no pide privilegios, sino “condiciones para competir”. La palabra oligopolio
no aparece; mercado cautivo tampoco. En su lugar, encontramos eufemismos más
elegantes: escala, inversión, resiliencia, competencia global. Todo muy propio
de un foro organizado por quienes serían, casualmente, los principales
beneficiarios de la reinterpretación normativa solicitada.
El núcleo doctrinal del artículo es
conocido y repetido con admirable perseverancia:
Europa está
fragmentada, Estados Unidos y China no; luego Europa debe concentrarse. Desde
el Derecho Internacional de las Telecomunicaciones, este razonamiento es tan atractivo
como jurídicamente tramposo. Compara mercados que no son comparables:
·
EE.
UU. no tiene un derecho de competencia constitucionalizado como el europeo.
·
China
no tiene competencia, tiene política industrial.
·
La
UE, en cambio, tiene mercado interior + competencia + protección del consumidor,
y eso no es un bug, sino el sistema.
El artículo asume ~sin demostrar~ que menos
operadores implican más inversión, obviando décadas de evidencia empírica
ambigua y la experiencia europea reciente, donde muchas fusiones
“pro-inversión” terminaron en:
·
subidas
de precios,
·
menor
presión innovadora,
·
y
una creatividad infinita para eludir remedies.
Pero esta vez,
nos dicen, será distinto. Como toda buena carta a los Reyes Magos
Cuando competir se vuelve incómodo
El mensaje central es tan sencillo como
conmovedor:
cuatro operadores son demasiados, tres son virtuosos, y dos ~si nadie mira~ ya
serían casi poesía industrial.
Durante años se nos explicó que la
competencia era buena para el consumidor. Ahora descubrimos que, en realidad, la
competencia agota, desgasta márgenes y obliga a invertir antes de tener permiso
político para hacerlo.
La solución, naturalmente, no es innovar
más ni arriesgar capital propio, sino pedir a la UE que reinterprete sus
propias normas. No cambiarlas ~eso sería vulgar~, sino aplicarlas con cariño.
El fetiche de la inversión futura
El argumento estrella
vuelve a escena, con la insistencia de un villancico mal cantado:
Si nos dejan
fusionarnos, prometemos invertir.
Es una promesa
maravillosa porque no es jurídicamente exigible, no tiene calendario y siempre
puede reinterpretarse. El TJUE, sin embargo, ha tenido la mala educación de
recordar en casos como CK Telecoms que las promesas no compensan estructuras de
mercado dañadas.
Pero no dejemos que la
jurisprudencia estropee una buena historia.
Los remedies: ese aguafiestas llamado
Derecho
Uno de los pasajes más
sinceros del artículo es cuando se lamenta que los remedies “debilitan las
sinergias”.
Es cierto. También los
cinturones de seguridad debilitan la emoción de conducir rápido.
Y los antibióticos arruinan una infección perfectamente organizada.
Los remedies existen
porque la fusión ya ha creado un problema. Pedir fusiones sin condiciones es
como pedir indultos preventivos: confíen en nosotros, esta vez no abusaremos
del mercado.
Curiosamente, eso mismo
dijeron siempre todos los monopolios… justo antes de comportarse como
monopolios.
Europa del Este: esos ingratos
El artículo menciona
con visible fastidio a ciertos Estados miembros del Este que no quieren
facilitar el festival de fusiones porque prefieren proteger a sus operadores
locales.
Una postura
incomprensible, desde luego. ¿Cómo se atreven a no celebrar que tres gigantes
occidentales compren, concentren y gestionen sus mercados “por eficiencia”?
Gente sin visión europea. Sin fe. Sin espíritu navideño.
Telefónica y la nostalgia del monopolio
ilustrado
Hay algo entrañable en
todo esto. Telefónica, ex-monopolio histórico, vuelve a Bruselas no para pedir
privilegios ~Dios nos libre~, sino para recordar lo bien que funcionaban las
cosas cuando había menos competencia y más estabilidad.
No lo dicen así, claro. Lo llaman certidumbre
regulatoria.
Antes se llamaba posición dominante.
Epílogo: Bruselas no
cree en milagros
El
problema de esta carta a los Reyes Magos es que Bruselas ya no cree en magia.
Cree en mercados, en incentivos y en sentencias del TJUE que recuerdan, una y otra
vez, que:
·
no
hay derecho a fusionarse,
·
no
hay derecho a ser grande,
·
y
mucho menos derecho a reducir la competencia porque “esta vez lo prometemos”.
Las telecos seguirán escribiendo cartas.
La Comisión seguirá escuchando con gesto serio.
Y el Derecho de la Competencia seguirá haciendo lo que siempre ha hecho: arruinar
fantasías corporativas con hechos, análisis y jurisprudencia.
Porque los Reyes Magos ya no están.
Pero DG COMP sí.
**
DG COMP es el guardián del libre mercado europeo: (Directorate-General for
Competition) es el órgano de la Comisión Europea encargado de:
· aplicar el Derecho
de la Competencia de la UE,
·
controlar
las concentraciones y fusiones entre empresas,
·
perseguir
cárteles y abusos de posición dominante,
· supervisar ayudas
de Estado que distorsionen el mercado interior.
Su
base jurídica está, principalmente, en: artículos 101 y 102 del TFUE (cárteles
y abusos),y en el Reglamento de Concentraciones (EUMR).
(DG
COMP es: la oficina de Bruselas que dice “no” cuando las grandes empresas dicen
“tranquilos, no va a pasar nada”.)
no elegido por las empresas,
poco sensible a cartas a los Reyes Magos,
y peligrosamente aficionado a los datos, no a las promesas.
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