REFERENCIA APICE

REFERENCIA APICE

miércoles, 7 de enero de 2026

Zapatero, el hombre que siempre “pasaba por allí”...QUE PRETENDES


 

Zapatero, el hombre que siempre “pasaba por allí”

Hay una curiosa tendencia en ciertos relatos recientes: presentar a José Luis Rodríguez Zapatero como una especie de protagonista involuntario de la historia venezolana. Según esta versión, el expresidente español habría sido poco menos que un mediador neutral atrapado en fuerzas que lo superaban, un señor bienintencionado que solo estaba “facilitando diálogos” mientras el régimen de Caracas hacía lo que hacía… desde hace más de una década.

El problema es que esta narrativa exige un acto de fe extraordinario: creer que alguien puede blanquear sistemáticamente a una dictadura durante más de diez años y, aun así, no ser responsable de nada.

Zapatero no llegó ayer a Venezuela. No apareció de pronto en una negociación fallida ni fue una figura decorativa de último momento. Lleva más de una década legitimando al régimen chavista con una constancia que ya no puede confundirse con ingenuidad. Ha avalado procesos electorales cuestionados, ha relativizado denuncias de represión, ha equiparado víctimas con verdugos y ha prestado su capital simbólico europeo para que el régimen pudiera decir: “No somos una dictadura, aquí está Zapatero”.

Y ahora, paradójicamente, algunos pretenden presentarlo como una pieza secundaria en una trama mayor, casi como si hubiera sido un actor accidental dentro de una operación que otros diseñaron. Resulta difícil sostener esa tesis sin sonreír con ironía. Zapatero nunca fue irrelevante: fue útil. Y precisamente por eso estuvo siempre ahí.

El artículo The Objective que intenta elevarlo a arquitecto secreto de una operación internacional comete, sin embargo, un error inverso pero igual de grave: confunde presencia constante con capacidad operativa. Zapatero no dirige ejércitos, no controla radares ni decide despliegues militares. No hace falta exagerar su papel hasta lo inverosímil para señalar su responsabilidad política y moral.

La realidad es menos novelesca y más incómoda: Zapatero no fue el gran titiritero, pero tampoco el espectador inocente. Fue el normalizador profesional. El hombre que convirtió una dictadura en “conflicto”, la represión en “excesos”, y la ausencia de democracia en “falta de confianza entre las partes”. Y siendo el príncipe de Delcy “el que da cuerda a las manecillas del reloj del chavismo”.

Por eso resulta casi cómico el intento de rescatarlo ahora mediante una narrativa épica o conspirativa. No hace falta inventarle una operación con nombre sugerente ni atribuirle maniobras de inteligencia. Su legado venezolano es mucho más simple y, precisamente por eso, más grave: haber puesto su prestigio al servicio de un régimen opresor mientras fingía neutralidad.

Zapatero no fue el autor del drama venezolano. Pero durante más de diez años se aseguró de que el telón nunca cayera.



No hay comentarios:

Publicar un comentario