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jueves, 4 de septiembre de 2025

Albares, el bufón en bicicleta. .....Bless Me Today

 


Albares, el bufón en Bicicleta

En el teatro de lo político, hay actores que aspiran a estadistas y otros que parecen contentarse con ser figurantes de opereta. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha decidido ensayar el papel de justiciero global, montado en bicicleta diplomática, pedaleando furiosamente contra Israel mientras finge que su manillar está conectado al eje del mundo. Sus declaraciones recientes, en las que se mostró partidario de expulsar al equipo ciclista israelí de La Vuelta, no solo delatan una preocupante confusión entre el deporte y la geopolítica, sino que además rozan terrenos pantanosos de hipocresía jurídica y cinismo moral.

Hablando sobre la politización del deporte al expulsar a un equipo de ciclismo porque su pasaporte resulta incómodo es una reinterpretación muy creativa del derecho internacional. El ministro invoca la “analogía rusa”, recordando la exclusión de Rusia de competiciones deportivas, pero olvida un detalle fundamental: Rusia invadió un Estado soberano, mientras que Israel se defiende de ataques terroristas. Pretender equiparar ambos escenarios es jurídicamente disparatado, aunque literariamente brillante: un sofisma digno de manual de retórica para aprendices de demagogos.

Más grave aún: al declarar que “no podemos seguir teniendo una relación de normalidad con Israel como si nada pasara”, el ministro roza la incitación discriminatoria, pues en la práctica traslada la culpabilidad colectiva a toda la sociedad israelí, incluyendo ciclistas cuya mayor arma es una bicicleta de carbono.

La hipocresía del “humanitarismo selectivo”

Albares presume de que España “es el país que más está haciendo por Gaza” y de haber mantenido la financiación a la UNRWA, una agencia envuelta en escándalos por vínculos con grupos radicales. Resulta pintoresco que mientras tanto se silencien las atrocidades de Hamás, un grupo terrorista reconocido por la Unión Europea, y se aplauda a quienes sabotean pacíficamente (o violentamente) competiciones deportivas en territorio español.

Aquí se incurre en una doble inmoralidad:

1.    Relativismo jurídico, pues se mide con reglas distintas a Israel y a los grupos que lo atacan.

2.  Complicidad indirecta, ya que mantener financiación sin filtros a estructuras contaminadas por Hamás puede interpretarse como un auxilio económico al terrorismo, contrario al artículo 576 del Código Penal español (colaboración con organización terrorista).

La estrategia del “Estado payaso”: símbolos sin consecuencias

El ministro se cuida de decir que la decisión final “no corresponde al Gobierno, sino a la Unión Ciclista Internacional”. He aquí el golpe maestro: pronunciarse con tono heroico sabiendo que no tiene capacidad de ejecutar lo que dice. Es la diplomacia del postureo: declarar guerras simbólicas, sabiendo que el balón (o la bicicleta) está en otra cancha. Jurídicamente, esto es irrelevante; políticamente, es irresponsable; éticamente, es puro escapismo de bufón.

Posibles delitos y extravíos jurídicos

Si se examinan las declaraciones desde un prisma legalista, podrían encajar en:

·      Delito de odio (art. 510 CP): al fomentar hostilidad contra un colectivo por su origen nacional.

·  Colaboración indirecta con terrorismo (art. 576 CP): vía apoyo a entidades contaminadas por Hamás.

·   Prevaricación internacional simbólica: figura aún no tipificada, pero que Albares cultiva con ahínco: dictar resoluciones verbales contrarias a derecho solo para complacer a su parroquia ideológica.

Diplomacia de circo con bicicleta estática

El ministro Albares nos ofrece la imagen del funambulista, que pedalea sobre una cuerda floja diplomática: mucho espectáculo, poco avance real. Su retórica contra Israel no busca soluciones, sino titulares. Mientras tanto, se banaliza el derecho internacional, se instrumentaliza el deporte y se flirtea con la complicidad hacia organizaciones terroristas.

En resumen, estamos ante un caso de hipocresía ciclista-diplomática: se pedalea mucho, pero siempre en bicicleta estática, sin llegar jamás a la meta de la justicia ni de la coherencia moral.



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